No es fácil ser niño y vivir en Tibayuyes, en la localidad de Suba, un espacio importante de Bogotá conformado por 31 barrios, en los cuales se concentran las mayores cifras de violencia de la localidad. Pero, al mismo tiempo,
a 76 grupos de niños de primaria y educación media les resulta emocionante que justo en los barrios Fontanar del Río y Bilbao exista un colegio que les transforme la vida y les ayude a repensar su postura frente al conflicto con imaginación y soluciones lúdicas.
Se trata del colegio distrital Delia Zapata Olivella, que además de inculcar el tema del arte para abordar la enseñanza, logró convertirse en la primera institución educativa distrital certificada bajo la norma ISO 9001 por la calidad de sus procesos y acaba de certificarse con la norma NTC GP 1000, la cual asegura el buen manejo de la gestión pública en su contratación. Pero no es por lo único que se destaca.
Sino por
su trabajo de responsabilidad social académica, diseñado para el perdón, la reconciliación y la paz de los alumnos, que lo llevó a unirse a la campaña Soy Capaz, a través de la empresa de telefonía Claro. Gracias a ese vínculo, 120 pequeños entre los 3 y los 5 años recibieron talleres de dibujo con lápices para ilustrar el país que sueñan y participaron en una obra de teatro con títeres, donde reconocieron que son parte de la solución a los problemas de Colombia. Adicionalmente jugaron a que tenían superpoderes pero que debían respetar las reglas para poder aportar a la paz y vencer los problemas.
Muchos de los niños de Suba, y de todo el país, han sido víctimas directas o indirectas del conflicto. Porque la realidad es que en Colombia los niños han sido y siguen formando parte de la guerra, aunque su reclutamiento y presencia dentro de los grupos armados sea un delito y una vulneración de los Derechos Humanos, además de una violación al Derecho Internacional.
De hecho, el 31% de las víctimas registradas en la Unidad de Víctimas son menores de 18 años (2.136.464 jóvenes, de una población total de 15,5 millones en ese rango de edad). De esos, el 14% es víctima del conflicto armado y de ellos, 7.637 son niñas y niños que han sido reclutados forzosamente para los grupos armados.
A pesar de que las AUC, en 1998, se comprometieron a no reclutar menores de 18 años y ese mismo año el ELN dijo que no incluiría en sus filas a nadie por debajo de los 16 años, y a que las FARC- EP hicieron lo mismo en 1999, en cuanto a menores de 15 años,
todas incumplieron. Incluso las Fuerzas Armadas han sido señaladas de usar a algunos como informantes.
“
Por eso hacemos muchos esfuerzos por educarlos para la paz”, insiste la rectora del Delia Zapata, Sonia Forero, quien explica que sus alumnos asisten a cárceles y tienen la posibilidad de conocer en vivo a los reclusos, quienes les cuentan de primera mano por qué están allí, cuáles fueron sus errores y por qué delinquir no es una opción.
El colegio, además, les permite a las reclusas validar los grados que n
unca cursaron; hacen pastoral educativa; procesos de reinserción con los alumnos y terapias de risa con la doctora Clown en hospitales y con niños en situaciones de riesgo “porque la risa también les sirve para liberarse y trazar un proyecto de vida”. En otras palabras, esos proyectos de vida hacen las veces de mapas de la imaginación para que los niños sueñen ese país en el que quieren vivir.
Lo que más reconoce Sonia Forero es la importancia de seguir trabajando, porque “es más lo que falta que lo que se ha logrado. Dentro de los talleres vinculados a Claro y la campaña Soy Capaz, se hicieron talleres de sensibilización con los padres y luego con los niños, donde quedó aprendido, a través del juego, que deben dar lo mejor; respetar las diferencias; entender que la diferencia enriquece y seguir las normas.
Soy capaz nos enseñó que la paz empieza con lo que cada uno puede hacer”.Pero aún es mucho lo que se puede construir.
De acuerdo con un informe de la Defensoría del Pueblo, el fenómeno de reclutamiento de menores se presenta en 153 municipios de 28 departamentos del país, aunque el ICBF reveló que en 2013 hubo el mayor número de niños desvinculados, con 342 casos. Paralelamente con la desvinculación, crece el grado de escolaridad, revela el análisis de tendencias del Observatorio del Bienestar de la Niñez de abril de este año. Lo que significa que la educación, por las cifras mismas, es el balance natural que le hace contrapeso a la guerra.
En eso cree ExE, la Fundación Empresarios por la Educación, que también se vinculó a la campaña Soy Capaz con el compromiso de aportar a la reconciliación desde la educación. Hoy, precisamente, realizó cuatro eventos en instituciones educativas de Atlántico, Valle, Risaralda y Norte de Santander bajo el lema “Soy capaz de jugármela por la educación”, que convocó a un buen número de colegios privados y públicos.

Estos encuentros se realizaron en la Ciudadela Nuevo Latir, en Cali, en donde participaron 500 estudiantes, docentes y directivos de 6 colegios distintos; en el
Nuestra Señora de Fátima, en Sabanagrande (Atlántico), con 7 colegios y 1.500 asistentes; en el Pablo Correa León de Cúcuta, con 6 colegios y 2.000 asistentes; y en el Jesús María Ormaza, de Pereira, con 6 colegios y 150 personas presentes.
La idea era departir en una jornada cultural, recreativa y social que integrara a estudiantes, docentes, directivos, padres de familia y empresarios para invitarlos a pensar cómo, desde las diferencias, se puede ayudar a la construcción de la paz. L
os niños hicieron sus aportes lúdicos en los que se soñaron un país en paz. Lo más destacado es que sus propuestas surgieron de la danza y la música o el teatro. En sus manifestaciones creativas se expresó, insistentemente, la necesidad de perdonar. Prueba de ello fue un estudiante de noveno grado del Jesús María Ormaza, en Pereira, quien manifestó en público que “Por la paz soy capaz de perdonar a quien me ofendió” mientras Camila Salas, otra estudiante, insistió que
“La paz empieza por nosotros mismos y es nuestra responsabilidad buscarla”.Las ideas creativas y lúdicas de los jóvenes sobre cómo hacerlo la paz impresionaron a Lina María Mantilla, directora de comunicaciones de ExE, quien dijo que su fundación se dio cuenta de que “
los jóvenes ven estos espacios como una posibilidad para manifestar estos deseos que tenemos como sociedad. Hay mucha esperanza. Y mucho deseo de cambio en todos ellos. Ellos están haciendo desde ya ese cambio”.
Finalmente explica que “la Fundación nació hace doce años con la creencia de que la educación es el verdadero motor del desarrollo y que solo liderando esfuerzos
para que todos los niños tengan educación de calidad será posible aportar a la construcción de una sociedad ética, justa y democrática”.
La jornada por los niños hace evidente que el conflicto sigue afectando a los menores desde sus familias, su entorno o incluso directamente. Pero que la presencia de espacios que les permitan expresarse los lleva a imaginar un país en paz, y que colegios e instituciones educativas que la apuesten a propuestas como la de Soy Capaz los impulsa a generar un cambio. Los jóvenes ya no quieren ser parte del conflicto sino hacer y crear un futuro distinto.
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