Por Pedro Carvajal — Periódico Comunitario NOTAS DE ACCIÓN
El deporte fue el punto de encuentro, pero la memoria, la identidad y el intercambio de saberes fueron los verdaderos protagonistas de los Cuartos Juegos Tradicionales Pugliazunchi, una jornada que reunió en Rafael Uribe Uribe a integrantes de diferentes pueblos indígenas que hoy hacen parte de la vida de la localidad.
Antonia Ágreda, integrante del pueblo Inga y encargada de la organización del encuentro, explicó que Pugliazunchi reúne a comunidades que conservan en sus juegos parte de la memoria de sus territorios de origen.
La jornada contó con la participación de representantes de los pueblos Inga, Yanacona, Cubeo, Pastos, Nasa y Witoto, comunidades que, desde diferentes regiones del país, han construido también una presencia en el territorio bogotano.
Jugar para conservar la memoria
Para Antonia, los juegos tradicionales son mucho más que una actividad recreativa.
Cada pueblo lleva al encuentro una expresión de su propia historia.
Los Inga participaron con el juego de los chasquis o bandereros; el pueblo Witoto presentó un trompo elaborado con madera de chonta, diferente al tradicional trompo conocido en la ciudad; los Pastos llevaron la chaza, juego de profunda tradición nariñense, mientras que también estuvo presente la rana, conocida en la tradición indígena como cucunobá.
A estas expresiones ancestrales se sumaron actividades deportivas contemporáneas, entre ellas un microtorneo intercultural de microfútbol y baloncesto.
La combinación no es accidental.
Pugliazunchi busca que los conocimientos ancestrales puedan convivir con las prácticas deportivas que hacen parte de la vida actual de niños, jóvenes y adultos.
Seis pueblos, seis colores, una celebración
Durante la jornada, cada pueblo estuvo identificado con un color.
Los Inga, de rojo; los Yanacona, de naranja; los Witoto, de amarillo; los Pastos, de verde; los Nasa, de morado, y los Cubeo, de azul.
Los colores permitieron identificar a cada comunidad, pero también hicieron visible una característica fundamental del encuentro: la diversidad.
Antonia explicó que el propósito no está centrado únicamente en determinar quién gana.
“Lo más importante para nosotros realmente es compartir”, señaló al referirse al encuentro.
Compartir el alimento, el juego y la sabiduría constituye, desde su perspectiva, una parte esencial de la jornada.
Una apuesta por los niños y las nuevas generaciones
Uno de los propósitos que Antonia destaca es acercar a los niños a juegos que quizá no conocen y que representan una parte de la memoria de los pueblos.
La idea es que las nuevas generaciones puedan mantener el vínculo con sus tradiciones, pero también encontrarse con otras comunidades y con habitantes de la localidad.
En ese sentido, los juegos se convierten en una herramienta pedagógica y cultural.
No solamente se aprende a jugar: también se aprende que existen otras formas de entender la historia, el territorio y la comunidad.
Una mirada desde la espiritualidad
La jornada también tuvo una dimensión espiritual.
Uno de los participantes, sabedor y taita indígena residente en la localidad, explicó que la actividad estaba acompañada por una ceremonia de ofrenda y sanación.
Frutas, velas y aromas hicieron parte del mandala preparado como ofrenda a los ancestros, guías y fuerzas espirituales en las que cree su comunidad.
Su concepción de la sanación está estrechamente relacionada con el territorio.
“El territorio es nuestra fuerza, nuestro vigor”, expresó.
Para él, compartir estos saberes no constituye una actividad comercial. Lo explicó con una frase que resume buena parte de su pensamiento:
“La sanación no se cobra, se comparte.”
Su participación permitió mostrar que detrás de los juegos existen también conocimientos, prácticas espirituales y formas de relación con la naturaleza que hacen parte de la identidad de los pueblos.
De los territorios de origen a la ciudad
Algunos llegaron a Bogotá por desplazamiento o como víctimas de diferentes circunstancias; otros hacen parte de procesos de migración histórica.
El resultado es una realidad cultural diversa que hoy forma parte de Rafael Uribe Uribe.
La jornada permite entonces mirar la localidad desde otra perspectiva: no solamente como un territorio urbano, sino como un espacio en el que confluyen diferentes memorias, culturas y maneras de comprender la vida.
Presupuestos Participativos y participación comunitaria
Desde su perspectiva, este tipo de ejercicios adquiere especial importancia cuando se construyen teniendo en cuenta las cosmovisiones y características de cada pueblo.
El deporte, la cultura, la recreación y la transmisión de saberes se convierten así en herramientas para fortalecer la identidad y, al mismo tiempo, promover espacios de encuentro.
El proceso también cuenta con el acompañamiento de la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe, cuyo apoyo fue reconocido por Antonia durante la jornada.
Una invitación a la ciudadanía
Antonia hizo una invitación a los habitantes de Rafael Uribe Uribe para que conozcan estos juegos y participen cuando se abran nuevas convocatorias.
Explicó que muchas personas no se inscriben sencillamente porque desconocen que existen estas actividades.
Por eso considera necesario fortalecer la difusión a través de los medios de comunicación.
Su mensaje tiene un destinatario claro: niños, jóvenes y ciudadanos interesados en conocer otras formas de jugar, aprender y compartir pueden acercarse a estos espacios.
Comunicación para encontrarnos
La petición de Antonia coincide con una realidad que también pudo observarse durante la jornada: la comunicación comunitaria puede convertirse en un puente entre los pueblos indígenas y el resto de la localidad.
Informar sobre estos procesos permite que la ciudadanía conozca su existencia, comprenda su significado y encuentre posibilidades de participación.
En ese sentido, cubrir Pugliazunchi no significa únicamente registrar resultados deportivos.
Significa contar una experiencia de integración en la que el juego sirve para abrir conversaciones sobre cultura, identidad, territorio y convivencia.
Mucho más que un festival deportivo
Los pueblos compartieron sus juegos, sus alimentos, sus colores y sus conocimientos.
Los niños encontraron nuevas formas de jugar.
Los habitantes de la localidad tuvieron la oportunidad de acercarse a culturas que forman parte de su propio territorio.
Y los pueblos indígenas encontraron nuevamente un espacio para decir, mediante sus tradiciones, que también son parte de Rafael Uribe Uribe.
Pugliazunchi demuestra así que el deporte puede ser mucho más que competencia.
Puede convertirse en memoria.
Puede ser identidad.
Puede ser encuentro.
Y puede ayudar a construir comunidad cuando las diferencias dejan de ser una barrera y se convierten en una oportunidad para conocerse y compartir.
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