Redacción Periódico comunitario Notas de Acción. Fotografías de Daniel Velásquez
Cuando las diferencias se encuentran en una misma comunidad
En una sociedad como la colombiana, caracterizada por una extraordinaria diversidad de culturas, colores de piel, procedencias, edades, costumbres y formas de entender la vida, todavía existen barreras que separan a las personas. Sin embargo, también existen mujeres y hombres que han comprendido que esas diferencias no tienen por qué convertirse en motivos de división. Por el contrario, pueden ser el punto de partida para construir una sociedad más incluyente, solidaria y respetuosa.
Una de esas mujeres es Rosa Quiñonez Angulo, líder social vinculada al trabajo comunitario y promotora de procesos de integración desde la Fundación Mecedora de Mis Ancestros, organización que desarrolla una labor orientada al encuentro entre diferentes sectores de la sociedad.
Su propósito parte de una convicción sencilla y profunda: negros, blancos, mestizos y personas de todos los colores y procedencias pueden hacer parte de una misma familia social, compartir en condiciones de equidad y construir juntos mejores condiciones de vida. No se trata de borrar las diferencias. Se trata de reconocerlas, respetarlas y convertirlas en una fuente de riqueza cultural y humana.
Una fundación abierta a la diversidad
La labor que desarrolla la Fundación Mecedora de Mis Ancestros no se limita a una sola comunidad.
La diversidad, desde esta perspectiva, no es un problema que deba resolverse. Es una realidad que debe aprenderse a compartir.
Una familia comprometida con el servicio
De esta manera, la labor de Rosa ha trascendido la iniciativa individual para convertirse en una tarea compartida por una familia que ha decidido poner parte de sus capacidades, su tiempo y su voluntad al servicio de los demás. Es una circunstancia especialmente significativa porque demuestra que el trabajo social puede comenzar en el ámbito familiar y proyectarse hacia toda una comunidad. La familia se convierte así en el primer espacio de solidaridad y, al mismo tiempo, en una fuerza capaz de multiplicar el compromiso social.
LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA COMO PUNTO DE PARTIDA
Los procesos comunitarios que se desarrollan en los barrios también hacen parte de una dinámica de participación ciudadana mediante la cual los habitantes expresan sus necesidades, formulan propuestas y plantean soluciones a las problemáticas que afectan sus territorios.
En Bogotá, los Encuentros Ciudadanos y los Presupuestos Participativos constituyen mecanismos mediante los cuales las comunidades pueden expresar sus prioridades y promover iniciativas orientadas a mejorar sus condiciones de vida. Es en esos escenarios donde muchas necesidades sociales dejan de ser únicamente preocupaciones individuales para convertirse en propuestas colectivas.
La comunidad habla. Los líderes recogen esas inquietudes. Las propuestas son presentadas y priorizadas. Y la Administración Local tiene la responsabilidad de responder, dentro de sus competencias y posibilidades presupuestales, a esas prioridades mediante los recursos públicos destinados para tal fin.
El papel de la Administración Local
En este proceso, la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe cumple un papel fundamental. Su participación permite que las necesidades expresadas por la ciudadanía puedan avanzar hacia la ejecución de proyectos y actividades concretas.
La Administración Local, mediante los mecanismos institucionales correspondientes, dispone de recursos para atender prioridades definidas a partir de las necesidades de las comunidades y articula la ejecución de los proyectos con las entidades u operadores encargados de desarrollarlos. De esta manera, el liderazgo social y la institucionalidad pueden encontrarse en beneficio de la ciudadanía. El líder comunitario identifica y moviliza las necesidades de su comunidad.
La ciudadanía participa y prioriza.
La Administración Local gestiona los recursos y acompaña el proceso. La entidad u operador desarrolla las actividades. Y finalmente los habitantes reciben los beneficios de una iniciativa que nació de una necesidad expresada por ellos mismos. Este proceso tiene un valor democrático extraordinario porque demuestra que la participación ciudadana no debería terminar cuando concluye una reunión o cuando se entrega una propuesta.
La participación adquiere verdadero sentido cuando una necesidad expresada por la comunidad logra convertirse en una acción concreta en el territorio. Y eso es precisamente lo que permite comprender mejor la experiencia desarrollada alrededor de Rosa Quiñonez Angulo y la Fundación Mecedora de Mis Ancestros.
EL DEPORTE COMO INSTRUMENTO DE INTEGRACIÓN
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En la cancha desaparecieron muchas de las barreras que cotidianamente pueden separar a las personas. Durante el campeonato todos tuvieron que compartir el mismo terreno, respetar las mismas reglas, reconocer al adversario y entender que el resultado de cada partido dependía de la capacidad de trabajar colectivamente. El balón se convirtió entonces en mucho más que un objeto deportivo. Se convirtió en un elemento de integración.
Casa de San Carlos: el escenario del encuentro
La culminación del campeonato tuvo lugar en el barrio Casas de San Carlos, en la sede de la Junta de Acción Comunal. Allí se realizó el acto de cierre y premiación de los participantes. Pero la jornada no se limitó a la ceremonia deportiva. Antes de la entrega de reconocimientos, los asistentes compartieron una deliciosa cena típica de la cocina del Pacífico colombiano.
La gastronomía se convirtió entonces en otro instrumento de encuentro. Los sabores, aromas y tradiciones del Pacífico llegaron a la mesa de una comunidad diversa y permitieron compartir mucho más que una comida. Se compartió cultura. Se compartió memoria. Se compartió identidad. Y, sobre todo, se compartió comunidad.
Una premiación diferente
Pero quizá el momento más significativo de la jornada fue la premiación.
En una competencia deportiva tradicional se acostumbra reconocer al campeón, al segundo y al tercero, así como a quienes obtienen los mejores resultados individuales. Esta vez ocurrió algo diferente.
Todos los participantes fueron reconocidos.
No necesariamente porque todos hubieran ganado el campeonato deportivo, sino porque todos habían participado de una experiencia de integración. Personas de diferentes colores de piel, culturas, edades y procedencias fueron reconocidas por haber compartido un mismo espacio y haber demostrado que es posible convivir desde la diferencia. Fue una premiación que trascendió el resultado deportivo. El verdadero reconocimiento fue a la convivencia.
CUANDO TODOS GANAN
ROSA Y SU FAMILIA: EL ROSTRO HUMANO DEL PROCESO
En el centro de esta experiencia se encuentra Rosa Quiñonez Angulo.
Pero Rosa tampoco está sola en sentido comunitario. A su alrededor aparecen los habitantes, los líderes sociales, las Juntas de Acción Comunal, los participantes de las actividades, las familias y las instituciones que hacen posible que las iniciativas lleguen a los territorios. Es precisamente allí donde el liderazgo social adquiere su verdadera dimensión. Un líder no trabaja únicamente para sí mismo.
Un líder sirve cuando consigue que las necesidades y los sueños de una comunidad encuentren caminos para hacerse realidad.
LA INSTITUCIONALIDAD Y LOS LÍDERES: UNA TAREA COMPARTIDA
La experiencia también deja una enseñanza sobre la relación entre los líderes sociales y la Administración Local. Las comunidades conocen de primera mano sus necesidades. Los líderes ayudan a identificarlas, organizarlas y expresarlas. Los mecanismos de participación ciudadana permiten llevarlas a escenarios institucionales. La Administración Local tiene la responsabilidad de gestionar las respuestas dentro de sus competencias y recursos. Las entidades u operadores encargados de desarrollar los proyectos convierten esas decisiones en actividades concretas. Cuando estos actores trabajan de manera articulada, la política pública deja de ser un concepto distante y comienza a sentirse en los barrios.
Una cancha arreglada. Un campeonato. Una actividad cultural. Una jornada de integración. Un espacio para los jóvenes. Una actividad para las personas mayores. Un encuentro comunitario. Son expresiones concretas de decisiones que, en muchos casos, comenzaron con una necesidad expresada por la ciudadanía.
Por eso es importante reconocer también la participación de la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe, liderada por Diana Carolina Sánchez Castillo, en este tipo de procesos.
Su papel no sustituye el liderazgo comunitario. Por el contrario, lo acompaña y permite que iniciativas surgidas de las comunidades puedan contar con los recursos y mecanismos institucionales necesarios para desarrollarse.
RAFAEL URIBE URIBE: UN TERRITORIO DE DIVERSIDAD
Hay líderes deportivos. Gestores culturales. Presidentes de Juntas de Acción Comunal. Organizaciones sociales. Familias comprometidas. Jóvenes que buscan oportunidades. Adultos mayores que conservan la memoria de sus comunidades. Y personas como Rosa Quiñonez Angulo, que han decidido convertir su propia experiencia y sus capacidades en herramientas para servir. En ese contexto, la Fundación Mecedora de Mis Ancestros representa una experiencia de integración que merece ser conocida.
EL VERDADERO CAMPEONATO
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