martes, 11 de agosto de 2026

ROSA QUIÑONEZ ANGULO Y LA MECEDORA DE MIS ANCESTROS Una apuesta por la integración, la diversidad y la convivencia en Rafael Uribe Uribe

 Redacción Periódico comunitario Notas de Acción. Fotografías de Daniel Velásquez



Cuando las diferencias se encuentran en una misma comunidad

En una sociedad como la colombiana, caracterizada por una extraordinaria diversidad de culturas, colores de piel, procedencias, edades, costumbres y formas de entender la vida, todavía existen barreras que separan a las personas. Sin embargo, también existen mujeres y hombres que han comprendido que esas diferencias no tienen por qué convertirse en motivos de división. Por el contrario, pueden ser el punto de partida para construir una sociedad más incluyente, solidaria y respetuosa.

Una de esas mujeres es Rosa Quiñonez Angulo, líder social vinculada al trabajo comunitario y promotora de procesos de integración desde la Fundación Mecedora de Mis Ancestros, organización que desarrolla una labor orientada al encuentro entre diferentes sectores de la sociedad.

Su propósito parte de una convicción sencilla y profunda: negros, blancos, mestizos y personas de todos los colores y procedencias pueden hacer parte de una misma familia social, compartir en condiciones de equidad y construir juntos mejores condiciones de vida. No se trata de borrar las diferencias. Se trata de reconocerlas, respetarlas y convertirlas en una fuente de riqueza cultural y humana.

Una fundación abierta a la diversidad

La labor que desarrolla la Fundación Mecedora de Mis Ancestros no se limita a una sola comunidad.

Dentro de su propósito social tienen cabida personas y comunidades afrodescendientes, indígenas pertenecientes a las diversas culturas colombianas, población con discapacidad, comunidades Rom y personas desplazadas por la violencia que durante décadas ha afectado a diferentes regiones del país. Esta mirada amplia convierte la inclusión en un principio fundamental de su trabajo. La Fundación busca generar espacios donde personas que en diferentes circunstancias han sufrido discriminación, exclusión, desplazamiento o dificultades sociales puedan encontrar reconocimiento, acompañamiento y oportunidades para participar.

La diversidad, desde esta perspectiva, no es un problema que deba resolverse. Es una realidad que debe aprenderse a compartir.


Una familia comprometida con el servicio

Rosa tampoco realiza esta tarea sola. A su lado se encuentran sus hijos, quienes participan y acompañan las diferentes actividades sociales que desarrolla la Fundación. Sus dos hijas, profesionales en Psicología, aportan su formación y sus conocimientos al acompañamiento de las personas y comunidades vinculadas a estos procesos. También su hijo hace parte de este esfuerzo familiar.

De esta manera, la labor de Rosa ha trascendido la iniciativa individual para convertirse en una tarea compartida por una familia que ha decidido poner parte de sus capacidades, su tiempo y su voluntad al servicio de los demás. Es una circunstancia especialmente significativa porque demuestra que el trabajo social puede comenzar en el ámbito familiar y proyectarse hacia toda una comunidad. La familia se convierte así en el primer espacio de solidaridad y, al mismo tiempo, en una fuerza capaz de multiplicar el compromiso social.


LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA COMO PUNTO DE PARTIDA

Pero para comprender plenamente esta experiencia es necesario mirar más allá de la Fundación y de sus protagonistas.

Los procesos comunitarios que se desarrollan en los barrios también hacen parte de una dinámica de participación ciudadana mediante la cual los habitantes expresan sus necesidades, formulan propuestas y plantean soluciones a las problemáticas que afectan sus territorios.

En Bogotá, los Encuentros Ciudadanos y los Presupuestos Participativos constituyen mecanismos mediante los cuales las comunidades pueden expresar sus prioridades y promover iniciativas orientadas a mejorar sus condiciones de vida. Es en esos escenarios donde muchas necesidades sociales dejan de ser únicamente preocupaciones individuales para convertirse en propuestas colectivas.

La comunidad habla. Los líderes recogen esas inquietudes. Las propuestas son presentadas y priorizadas. Y la Administración Local tiene la responsabilidad de responder, dentro de sus competencias y posibilidades presupuestales, a esas prioridades mediante los recursos públicos destinados para tal fin.


El papel de la Administración Local


En este proceso, la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe cumple un papel fundamental. Su participación permite que las necesidades expresadas por la ciudadanía puedan avanzar hacia la ejecución de proyectos y actividades concretas.

La Administración Local, mediante los mecanismos institucionales correspondientes, dispone de recursos para atender prioridades definidas a partir de las necesidades de las comunidades y articula la ejecución de los proyectos con las entidades u operadores encargados de desarrollarlos. De esta manera, el liderazgo social y la institucionalidad pueden encontrarse en beneficio de la ciudadanía. El líder comunitario identifica y moviliza las necesidades de su comunidad.

La ciudadanía participa y prioriza.

La Administración Local gestiona los recursos y acompaña el proceso. La entidad u operador desarrolla las actividades. Y finalmente los habitantes reciben los beneficios de una iniciativa que nació de una necesidad expresada por ellos mismos. Este proceso tiene un valor democrático extraordinario porque demuestra que la participación ciudadana no debería terminar cuando concluye una reunión o cuando se entrega una propuesta.


La participación adquiere verdadero sentido cuando una necesidad expresada por la comunidad logra convertirse en una acción concreta en el territorio.
Y eso es precisamente lo que permite comprender mejor la experiencia desarrollada alrededor de Rosa Quiñonez Angulo y la Fundación Mecedora de Mis Ancestros.



EL DEPORTE COMO INSTRUMENTO DE INTEGRACIÓN

Una de las expresiones más significativas de este proceso fue la realización de un campeonato de fútbol interracial y cultural. El fútbol, uno de los deportes con mayor capacidad para reunir personas, fue utilizado como instrumento de encuentro entre participantes de diferentes razas, culturas, edades y procedencias.

En la cancha desaparecieron muchas de las barreras que cotidianamente pueden separar a las personas. Durante el campeonato todos tuvieron que compartir el mismo terreno, respetar las mismas reglas, reconocer al adversario y entender que el resultado de cada partido dependía de la capacidad de trabajar colectivamente. El balón se convirtió entonces en mucho más que un objeto deportivo. Se convirtió en un elemento de integración.

Casa de San Carlos: el escenario del encuentro

La culminación del campeonato tuvo lugar en el barrio Casas de San Carlos, en la sede de la Junta de Acción Comunal. Allí se realizó el acto de cierre y premiación de los participantes. Pero la jornada no se limitó a la ceremonia deportiva. Antes de la entrega de reconocimientos, los asistentes compartieron una deliciosa cena típica de la cocina del Pacífico colombiano.


La gastronomía se convirtió entonces en otro instrumento de encuentro. Los sabores, aromas y tradiciones del Pacífico llegaron a la mesa de una comunidad diversa y permitieron compartir mucho más que una comida. Se compartió cultura. Se compartió memoria. Se compartió identidad. Y, sobre todo, se compartió comunidad.

Una premiación diferente

Pero quizá el momento más significativo de la jornada fue la premiación.

En una competencia deportiva tradicional se acostumbra reconocer al campeón, al segundo y al tercero, así como a quienes obtienen los mejores resultados individuales. Esta vez ocurrió algo diferente.



Todos los participantes fueron reconocidos.

No necesariamente porque todos hubieran ganado el campeonato deportivo, sino porque todos habían participado de una experiencia de integración. Personas de diferentes colores de piel, culturas, edades y procedencias fueron reconocidas por haber compartido un mismo espacio y haber demostrado que es posible convivir desde la diferencia. Fue una premiación que trascendió el resultado deportivo. El verdadero reconocimiento fue a la convivencia.


CUANDO TODOS GANAN

Aquella experiencia permite entender el verdadero sentido de la iniciativa. En una competencia convencional existen vencedores y vencidos. Aquí la victoria fue colectiva. Ganó quien pudo conocer al otro. Ganó quien compartió la cancha con alguien diferente. Ganó quien se sentó a la mesa junto a personas de otras culturas. Ganó quien comprendió que el color de la piel, la procedencia, la edad o la condición social no deberían determinar la posibilidad de compartir. Ganó la familia. Ganó la comunidad. Ganó la convivencia. Y ganó también la idea de que el deporte puede ser utilizado como una herramienta para construir ciudadanía.


ROSA Y SU FAMILIA: EL ROSTRO HUMANO DEL PROCESO

En el centro de esta experiencia se encuentra Rosa Quiñonez Angulo.

Su liderazgo representa el rostro humano de un proceso que articula comunidad, familia, cultura, deporte e institucionalidad. A su lado están sus hijos, sus hijas profesionales en Psicología y su hijo, quienes participan en las tareas que desarrolla la Fundación. Es una familia que ha convertido el servicio social en una expresión concreta de solidaridad.

Pero Rosa tampoco está sola en sentido comunitario. A su alrededor aparecen los habitantes, los líderes sociales, las Juntas de Acción Comunal, los participantes de las actividades, las familias y las instituciones que hacen posible que las iniciativas lleguen a los territorios. Es precisamente allí donde el liderazgo social adquiere su verdadera dimensión. Un líder no trabaja únicamente para sí mismo.

Un líder sirve cuando consigue que las necesidades y los sueños de una comunidad encuentren caminos para hacerse realidad.

LA INSTITUCIONALIDAD Y LOS LÍDERES: UNA TAREA COMPARTIDA


La experiencia también deja una enseñanza sobre la relación entre los líderes sociales y la Administración Local. Las comunidades conocen de primera mano sus necesidades. Los líderes ayudan a identificarlas, organizarlas y expresarlas. Los mecanismos de participación ciudadana permiten llevarlas a escenarios institucionales. La Administración Local tiene la responsabilidad de gestionar las respuestas dentro de sus competencias y recursos. Las entidades u operadores encargados de desarrollar los proyectos convierten esas decisiones en actividades concretas. Cuando estos actores trabajan de manera articulada, la política pública deja de ser un concepto distante y comienza a sentirse en los barrios.

Una cancha arreglada. Un campeonato. Una actividad cultural. Una jornada de integración. Un espacio para los jóvenes. Una actividad para las personas mayores. Un encuentro comunitario. Son expresiones concretas de decisiones que, en muchos casos, comenzaron con una necesidad expresada por la ciudadanía.

Por eso es importante reconocer también la participación de la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe, liderada por Diana Carolina Sánchez Castillo, en este tipo de procesos.

Su papel no sustituye el liderazgo comunitario. Por el contrario, lo acompaña y permite que iniciativas surgidas de las comunidades puedan contar con los recursos y mecanismos institucionales necesarios para desarrollarse.

RAFAEL URIBE URIBE: UN TERRITORIO DE DIVERSIDAD

Todo esto ocurre en una localidad como Rafael Uribe Uribe, donde convergen habitantes provenientes de diferentes lugares de Colombia y donde conviven diversas culturas, generaciones y realidades sociales. Es una localidad con dificultades, pero también con una enorme capacidad de organización comunitaria. En sus barrios existen personas que trabajan silenciosamente por mejorar las condiciones de vida de sus vecinos.

Hay líderes deportivos. Gestores culturales. Presidentes de Juntas de Acción Comunal. Organizaciones sociales. Familias comprometidas. Jóvenes que buscan oportunidades. Adultos mayores que conservan la memoria de sus comunidades. Y personas como Rosa Quiñonez Angulo, que han decidido convertir su propia experiencia y sus capacidades en herramientas para servir. En ese contexto, la Fundación Mecedora de Mis Ancestros representa una experiencia de integración que merece ser conocida.


EL VERDADERO CAMPEONATO


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