sábado, 1 de febrero de 2014

La humanidad continua siendo profundamente desigual a pesar de los notables avances, concluye informe del PNUD

Tomado de www.pnud.org.co



Para reducir considerablemente la desigualdad es necesario adoptar patrones de crecimiento más inclusivos –apoyados por políticas de redistribución y cambios en las normas sociales– sostiene un informe presentado hoy por la directora global del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Helen Clark.

El uno por ciento más rico de la población mundial posee alrededor del 40 por ciento de todos los bienes, mientras que la mitad con menos recursos posee apenas el uno por ciento. El informe Humanidad dividida: Cómo hacer frente a la desigualdad en los países en desarrollodemuestra que si no se hace nada al respecto, la desigualdad puede debilitar las propias bases del desarrollo y la paz social y nacional.

“Las desigualdades a los niveles actuales son injustas, como lo demuestra este informe “La humanidad dividida”, y también impiden el progreso humano”, afirmó la directora del PNUD, Helen Clark. “El informe explora las causas y las consecuencias de las desigualdades que nos dividen ‒dentro de cada país y entre los distintos países‒ y sostiene que la creciente desigualdad no es en absoluto inevitable.

Al ajustarse al tamaño de la población, entre 1990 y 2010 la desigualdad de ingresos aumentó un 11 por ciento en los países en desarrollo. Una importante mayoría de hogares en países en desarrollo, que representa más del 75 por ciento de la población, hoy en día vive en sociedades donde la distribución del ingreso es más desigual que en los años 90.

Pero, la desigualdad profunda y persistente abarca más que los ingresos.

A pesar de la disminución general de la mortalidad materna en la mayoría de los países en desarrollo, las mujeres rurales aún son hasta tres veces más propensas a morir durante el parto que las mujeres que viven en centros urbanos. Las mujeres también están participando más en la fuerza laboral, pero aún están desproporcionadamente representadas en los empleos vulnerables y poco representados en el sector donde se toman las decisiones políticas, al mismo tiempo que continúan ganando mucho menos que los hombres.

Los datos de países en desarrollo demuestran que la infancia en el quintil de riqueza más bajo tiene tres veces más posibilidades de morir antes de cumplir cinco años que los niños y niñas que han nacido en los quintiles de riqueza más altos en la misma región. La protección social se ha extendido, pero aun así las personas con discapacidades son hasta cinco veces más propensas que el promedio a incurrir en gastos de salud astronómicos.

Los altos niveles de desigualdad obstaculizan el desarrollo poniendo trabas al progreso económico, debilitando la vida democrática, y amenazando la cohesión social. Aun cuando la redistribución continua siendo muy importante para reducir la desigualdad, es necesario un cambio hacia un patrón de crecimiento más inclusivo, que aumente los ingresos de los hogares pobres y de bajos recursos más rápidamente que el promedio para asegurar la sostenibilidad y reducir la desigualdad, lo cual es clave para la agenda de desarrollo post 2015.

El crecimiento económico en los países en desarrollo y emergentes es vital para lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio 1: reducir a la mitad las tasas mundiales de pobreza para 2015. Pero altos niveles de ingresos y un crecimiento económico rápido no siempre significan menos desigualdad en la educación, salud y otras áreas del bienestar humano.

Una conversación mundial sin precedentes, moderada por las Naciones Unidas, que contó con casi 2 millones de participantes de todas partes del mundo, puso de manifiesto que las personas están pidiendo intervenir en las decisiones que afectan sus vidas. Las personas están indignadas porque consideran que la creciente desigualdad e inseguridad existentes son injustas especialmente para los pobres y marginados.

El informe analiza las tendencias mundiales de la desigualdad al mismo tiempo que identifica las causas y el alcance de las desigualdades, su impacto, y las formas cómo pueden reducirse. Después de ilustrar los resultados de una investigación sobre la visión de formuladores de políticas con respecto a la desigualdad, concluye con un marco político exhaustivo para encarar las desigualdades en los países en desarrollo.Edición 
Caja de Herramientas N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

Pleonexia política

Mauricio Castaño H.
Historiador – http://colombiakritica.blogspot.com/



Por ser la política cada vez cosa de mercado, del marketing, de los intereses particulares, cada vez se aleja más de su significado que le dio origen en su antigüedad griega, ocuparse del bienestar público, del bienestar común. Hoy las personas que van a la arena política hacen parte de la defensa del mundo del negocio, del mundo empresarial, del enriquecimiento a como dé lugar, y si aparecen con otras caretas fungiendo liderazgo de pueblo, sólo son maniqueísmos que ocultan a un depredador inescrupuloso, que como hienas salvajes van hambreadas a disputar carroñas, a usurpar la mejor tajada del tesoro público.

Las altas inversiones que hacen en el deformado sistema democrático para lograr un escaño no son gratuitas, sólo son migajas que luego recuperan en las ejecuciones de los dineros públicos. Los cálculos en pesos colombianos superan en más de diez veces a los permitidos por la ley. Se calcula que una curul al Congreso puede costar entre 2.000 y 5.000 millones de pesos, mientras que el dinero permitido para un candidato es de solo 301 millones. ¿Quiénes se permiten hacer el negocio de la política? Los audaces, los artistas del engaño, los seres inescrupulosos que en la compraventa de los votos posan de mansos corderos, lucen la mejor sonrisa pero que una vez electos son fieras devoradoras, temibles para las masas que ingenuas buscan cercanías. Ejemplos hay por doquier: el embaucador partido del movimiento cristiano MIRA, recién se le destapó sus grandes negocios con la mafia criminal en más de 14 países bajo la fachada espiritual religiosa, se les acusa de lavar activos y de tener vínculos con la temible banda de ultraderecha de los Urabeños. O en el inmediato pasado la mayoría del gabinete del alcalde Samuel Moreno con sus compinches ladrones empresariales de la familia Nule. Estamos hablando entonces de los que se dejan pillar o de los que les falló el negocio o de los que tropezaron con otros más depredadores. ¿En quién confiar?

Hombres de buena voluntad, si topas con cualquier protuberancia de Poder, no dudéis, arrojarla a la papelera. La concentración de poder alimenta lo peor de la condición humana. En vez de pedir un voto para acumular poder, hacer lo contrario, cederlo, desconcentrarlo, permitir que cada comunidad sea autogestionaria. Desconfiad entonces de esos ídolos que prometen y prometen salvación. La concentración de Poder embriaga, corrompe. Acaso no has experimentado que buscas y buscas al político elegido y nunca te concede la cita; se esconde con pendejas excusas de las supuestas miles ocupaciones, pero él está allá en su escondite con putas bebiendo whisky o con sus secuaces fraguando sucios negocios de lucro personal, en negociazos con los recursos públicos.

Mientras los sistemas sean complejizados, más difíciles son de controlar. Los burócratas emiten circular tras circular para enredar, para crear confusión. En río revuelto todo mundo pesca. Divide y reinarás. Ejemplos son los inservibles sistemas de Salud, Pensiones, sólo sirven para engordar a sus dueños empresarios. O de las pésimas obras de infraestructura, los contratistas se han apropiado de los dineros. Todos quieren cobrarse favores, todos quieren riqueza fácil y rápida. Viene a bien la descentralización, hacer sistemas simples, menos complejos, en comunidades pequeñas los controles son posibles. Más que dejarse seducir por falsas sonrisas que quieren conquistar un voto con la excesiva publicidad por lo demás contaminante. Es mejor abrir caminos de autogestión al estilo de algunas comunidades indígenas, que frenan esos deseos ilimitados de tener y tener, la Pleonexia le llamaron los griegos.

Pese a estos aires decepcionantes, existen algunas pocas motivaciones que devuelven algo de esperanza. El actual presidente candidato colombiano habla de la paz como finalidad de la seguridad o de los aspirantes a las legislaturas que han dado muestra de su lucha frontal contra las fuerzas oscuras que persisten en la guerra, en afianzar sus grupos de ultraderecha, en apropiarse por la violencia de las tierras de los campesinos para abrir sus corredores estratégicos para los tráficos ilícitos. Viva la Ciudadanía Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

El doblepensar


Julio César Carrión Castro Universidad del Tolima


La guerra es la paz
La libertad es la esclavitud
La ignorancia es la fuerza


George Orwell

Ante el enorme despliegue realizado por los llamados medios masivos de comunicación en apoyo al montaje persecutorio que el procurador-prevaricador Alejandro Ordóñez viene realizando contra el Alcalde Mayor de la ciudad de Bogotá, interesados, según dicen, exclusivamente en el cumplimiento de la ley y en la conservación del orden establecido, considero pertinente recordar que George Orwell en su novela “1984”denunció, de manera clara y contundente, el papel que desempeñan los supuestos intelectuales encargados de engañar conscientemente a las gentes del común mediante una fastidiosa actividad rutinaria que, sistemáticamente, emplea procesos distractivos y de ocultamiento de la realidad, utilizados para legitimar el poder, incluso sin tomar en cuenta flagrantes contradicciones y arbitrariedades.


Esa ampulosa actividad, esa saturación mediática que se suele denominar “periodismo”, fue señalada por Orwell como un mecanismo valioso para lograr el control social, por parte del poder del Gran Hermano. A esa estructura de vigilancia y control, así como de propaganda del sistema disfrazada de información, que busca el lavado de cerebros y la uniformidad de opiniones, la denominó“doblepensar”, actitud y mentalidad “profesional” con que están pertrechados todos los plumíferos del régimen: “Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el partido (de gobierno) es el guardián de la democracia…”


La neolengua, que es en la novela el recurso idiomático por excelencia de los defensores del poder del Gran Hermano, permite a estos funcionarios de la verdad, manejar el lenguaje de una manera cínica y acomodaticia a los intereses de quienes los sostienen. Así podemos comprender cómo estos “periodistas” señalan como terroristas a los insurgentes, con quienes, por otra parte, se vienen desarrollando conversaciones conducentes a tratados de paz, mientras simultáneamente dicen esperar resultados positivos de estos diálogos (bueno estos mismos oficiosos informadores o informantes, hacen eco a los retardatarios militares que no cesan de llamar “bandoleros” a aquellos con quienes está el Estado tramitando el fin del conflicto); los bombardeos oficiales sobre la población civil son denominados por los militares y por estos comunicólogos, “daños colaterales”; los atentados de la guerrilla que afectan a la población inerme se señalan como “actos criminales” y los muertos causados a la insurgencia fueron bandoleros neutralizados o “dados de baja”, mientras que los militares que caen en combate se dice que fueron “asesinados” y se les otorga siempre la condición de héroes de la patria...


El propósito es establecer una visión, una concepción, uniforme del mundo, difundida por los medios de comunicación, según lineamientos fijados por los organismos imperialistas, que ya han logrado que la llamada “información” sustituya todo proceso intelectual independiente; que han convertido a los partidos políticos, en empresas electoreras, que han hecho de s universidades simples tituladeros y reducido la cultura a farándula…En todo ello está metida la mano de los “periodistas”.


Este pequeño grupo de fabricantes de consensos que son los “periodistas”, puestos al servicio del poder, de sus dogmas y de sus contradicciones, permanentemente están clamando por la “libertad de expresión” en otras partes, haciendo eco meramente a los intereses empresariales de la denominada industria de la información, y de conformidad con las patrañas establecidas por la imperial Sociedad Interamericana de Prensa -SIP.


Como lo ha dicho el profesor Fernando Buen Abad, “en las empresas que han hecho de la información una mercancía caprichosa y desleal con la verdad, el trabajo de los “periodistas” se ha deformado hasta la ignominia de la esclavitud del pensamiento y la explotación de personas obligadas a traicionar la conciencia (individual y colectiva) sobre la realidad. Se vive diariamente un desfalco informativo en contra de todo sentido común y se humilla la inteligencia de los trabajadores de la información sometiéndolos a principios y fines empresariales cada día más mediocres, corruptos y mafiosos”.


A pesar de todo ello, hoy por hoy, el periodismo es una de las profesiones más promovidas, ponderadas y deseadas en el diverso y abigarrado conjunto de ofertas universitarias que se mueven en esta supuesta “sociedad del conocimiento”, que se publicita desde las mismas empresas de la información y la manipulación mediática, como una clara actividad “intelectual” desarrollada por escritores comprometidos con una forma particular de comunicación social y de literatura, lo que por tanto les permite, astutamente, discutir, reclamar y hasta exigir, desde organismos internacionales como la ya mencionada -poderosa e inútil- Sociedad Interamericana de Prensa, por la “libertad de expresión y de opinión’’, cuando en realidad defienden los intereses de los propietarios de los grandes periódicos y agencias informativas, es decir, de los empresarios de las multinacionales de la “información” quienes, en última instancia son quienes definen el curso de la información, de las noticias y hasta de la “opinión” de todos los plumíferos a sueldo de sus nóminas…


Estas mafias han logrado posicionar la función de sus lacayos, como lo corrobora el escritor palestino Edwar W. Said, en su texto Profesionales y aficionados, escrito con el propósito de intentar explicar el quehacer ético de los intelectuales, periodistas, profesores y escritores:


“La amenaza particular que hoy pesa sobre el intelectual, tanto en Occidente como en el resto del mundo, no es la academia, ni las afueras de la gran ciudad, ni el aterrador mercantilismo de periodistas y editoriales, sino más bien una actitud que yo definiría con gusto como profesionalismo. Por profesionalismo entiendo yo el hecho de que, como intelectual, concibas tu trabajo como algo que haces para ganar la vida, entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde, con un ojo en el reloj y el otro vuelto a lo que se considera debe ser la conducta adecuada, profesional: no causando problemas, no transgrediendo los paradigmas y límites aceptados, haciéndote a ti mismo vendible en el mercado y sobre todo presentable, es decir, no polémico, apolítico y “objetivo”.


Nos encontramos con que las instituciones universitarias forman hoy estos “profesionales” periodistas, exclusivamente para satisfacer el mercado de una mediocre pseudocultura que ellos mismos se encargan de reproducir; obsecuente a los poderes establecidos, distorsionadora de los hechos y de la historia, simuladora, consumista y farandulera, y que caracteriza todo este período de decadencia y catástrofe del capitalismo tardío.


Ahora la labor de los “intelectuales” es del tipo periodístico, consiste en manejar como recadistas o mensajeros unos saberes que no dominan en su conjunto, ya que son ignorantes e incapaces de tratar asuntos ajenos a los de sus especializaciones, son una especie de “lisiados al revés”, como les denominara Nietzsche en su Así habló Zaratustra... personas a quienes les sobra demasiado de algo careciendo de lo demás.


Estos intelectuales de conveniencia, “puestos al calor del sol que más alumbre”, están realmente es al servicio de la llamada industria del conocimiento, que promueve el uniformismo gregario en materia cultural y educativa, y que bien entienden los llamados “académicos” o profesores universitarios que han hecho de la neolengua y del doblepensar un habitual modo de pensar y de comportamiento, al asumirse como críticos de una administración (política o académica), mientras obtienen ventajas personales y subvenciones de esa misma administración, para asistir a eventos nacionales o internacionales, orgullosos con las credenciales que ostentan -no siempre bien logradas-, que les permiten competir con sus colegas, para la obtención de estas prebendas, y asistir en representación de expresiones culturales, sindicales o políticas, que no se cansan de considerar como expresiones válidas de la “democracia”.

Tomado de Edición N° 00385 Caja de Herramientas – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

La Policía en la mira

Henrik López
Profesor universitario



Una gran polvareda se ha generado en torno a la sentencia del Consejo de Estado del 27 de septiembre de 2013, conocida recientemente, en la que se condena a la Nación-Policía Nacional al pago de los daños causados a inmuebles poseídos por la Iglesia Católica por los ataques de la guerrilla (ELN y FARC) en los días 26 de marzo, 20 de septiembre y 31 de diciembre de 1999, en el municipio de Puerto Rondón, Arauca.

Una de las voces más duras ha sido la de Salud Hernández, quien terminó su columna del 25 de enero de 2014, señalando que las FARC sólo atacan a los pueblos por culpa de la policía. La redacción de El Tiempo tituló “Fallo pone en vilo bases de la Policía en pueblos de zonas rojas” y Semana, por su parte, tituló “No más estaciones de Policía cerca de cascos urbanos”.

Lo primero, sería advertir que el Consejo de Estado no prohíbe la presencia de Estaciones de Policía en los cascos urbanos. En ninguna parte de la sentencia se hace afirmación o insinuación en este sentido. Se demanda del Estado que, ante el riesgo que supone la existencia de una estación de policía en un municipio amenazado por la guerrilla o por cualquier otro grupo violento, se adopten medidas de protección a la población civil.

Al margen de la calidad jurídica de la decisión, que sería cuestionable por carecer de elementos de juicio suficientes para enfrentar preguntas claves, lo cierto es que la discusión debe ser sobre la regla que aplica el Consejo de Estado y las consecuencias. ¿Es el Estado responsable administrativamente por no proteger a la población contra ataques de grupos armados al margen de la ley? ¿Es el Estado responsable administrativamente por el riesgo creado, derivado de la ubicación de sus estaciones de policía, ante la posibilidad de ataques de grupos violentos?

Frente a la primera pregunta, la respuesta es sí. El Estado tiene la obligación de proteger los derechos fundamentales de todos los residentes en el territorio nacional. Su incapacidad para controlar el territorio no es razón suficiente. Si pretende el monopolio del uso de la fuerza, tiene la obligación de protección. Si incumple, falla en su responsabilidad. Asumir lo contrario, siguiendo aquí una idea hobbesiana, significaría legitimar el uso de la fuerza por parte de los ciudadanos, la creación de grupos de autodefensa, etcétera.

La segunda pregunta es más complicada. El Consejo de Estado ha fijado como jurisprudencia que cuando el ataque es generalizado contra una población, no hay responsabilidad estatal. Así se señala en la sentencia. También, que si el ataque tiene por objetivo una estación de policía o cualquier instalación estatal específica, debido al riesgo creado, el Estado debe asumir la responsabilidad por dicho riesgo. Pues bien, aquí hay varias cuestiones, que tienen en común la tensa relación entre el derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos humanos. Aunque el Comité Internacional de la Cruz Roja se esfuerza en señalar que ambos ordenamientos son complementarios, el problema radica dos puntos. Por una parte, aquello que los separa, la guerra, y, por otra, el que el DIH fue diseñado para conflictos internacionales. No se ha diseñado para los conflictos armados internos. Por lo mismo, no da una respuesta adecuada a las situaciones en que se entrecruzan demandas de seguridad vinculadas al conflicto con las demandas de seguridad vinculadas a las condiciones de no conflicto.

La negativa del Estado colombiano, sean las razones que fueren, para aceptar la aplicación del DIH al conflicto armado interno, ha traído consigo una funesta consecuencia. También derivada de la tendencia a esperar que desde afuera nos den la solución a los problemas. El país abandonó todo esfuerzo por adoptar medidas apropiadas para, dentro de los insuficientes límites del DIH, se pudiese compaginar aquello que en dicho ordenamiento se legitima, con aquello que bajo el régimen de los Derechos Humanos es obligatorio.

Puerto Rondón es un pequeño pueblo, ubicado en la orilla norte del río Casanare. Fue erigido como municipio en 1987. La zona, a medio camino entre Tame y Cravo Norte, fue centro de acciones guerrilleras por parte del ELN y las FARC. De hecho, en este mismo mes, el Estado colombiano abatió guerrilleros de las FARC en la zona. Lo significativo de esta circunstancia es que se está en una zona roja, que demanda una serie de acciones específicas del Estado colombiano; principalmente, anticipar ataques de grupos armados al margen la ley.

Existen muchas medidas que se deben adoptar. Lastimosamente, no existe una regulación clara sobre ello, salvo en lo que al componente estrictamente militar y policial respecta. Pero más allá, nada. Una de las que se echa de menos es una regulación sobre el uso del suelo. Éste no es simplemente un tema económico, de cómo aprovechar la plusvalía generada. También es un reto estratégico para resolver problemas, tales como comunicación, atención de salud, educación, vivienda y seguridad.

Frente a antiguos municipios, como las capitales de algunos departamentos, que tienen siglos de existencia y cuya trama urbana fue definida por criterios históricos imperantes en su momento, es un fuerte golpe darse cuenta que respecto de los nuevos o de aquellos que comienzan a desarrollarse y están ubicados en zonas de riesgo, en este caso violencia organizada, no existen reglas dirigidas a enfrentar esos riesgos. Por razones estratégicas ¿dónde debe ubicarse a la Policía Nacional? ¿Dónde se deben construir los centros de culto, los servicios de salud o educativos?

Nada de esto está pensado. Simplemente se sigue la costumbre de que frente a la plaza principal están los poderes o sus símbolos: alcaldía, estación de policía, juzgado, iglesia y comercio importante. ¿Hay una razón estratégica para ello o simplemente se trata de seguir esta costumbre?

La Policía Nacional no debe salir del casco urbano de ningún municipio. Eso es claro y nadie puede poner en duda la legitimidad y necesidad de su presencia. Aunque el DIH pueda considerar que se trata de un blanco legítimo, en tanto que cuerpo armado (he ahí una de las fallas de dicha regulación que no distingue entre tipos de cuerpos armados y la clase de guerras), lo que justificaría que debería estar alejado del casco urbano por el riesgo que implica, desde el derecho de los derechos humanos su presencia es obligada, pues es medio para asegurar la vida y demás derechos fundamentales, en la dimensión de lo cotidiano.

Frente a esta tensión es que se debe resolver la segunda pregunta. ¿Hay una razón estratégica para la ubicación de la policía en un determinado sitio? Si lo hay, ¿dónde deben ubicarse los otros elementos de la vida urbana –iglesias, centros de salud y educativos, etc.-? ¿Se ha diseñado la trama urbana para enfrentar los riesgos? Si no es posible enfrentarlos todos ¿había el Estado previsto el riesgo y dispuesto de fuerza militar?

El DIH tiene dos elementos centrales, que inspiran sus medidas, más allá del fin humanitario que proyecta. Se trata de organización y planeación. Se exige que las fuerzas en conflicto estén organizadas y se demanda que sus acciones sean planeadas. Pues bien, tanto para el ataque como para la defensa, ambos elementos son necesarios y es un error garrafal pensar que, ante incapacidad de control territorial, es suficiente que la fuerza pública esté organizada y sus acciones estén planificadas. Es necesario que aquellos puntos donde haya población civil y que podrían ser objeto de ataque, su defensa esté planificada y organizada.

En Colombia hay suficiente evidencia de la importancia de esta idea. El accionar de los grupos guerrilleros sobre pequeños pueblos se parece a los ataques piratas sufridos durante el período colonial. En aquella época, la fortificación era un medio razonable de defensa y, a la larga, dio sus frutos. Cartagena de Indias se convirtió en fortaleza inexpugnable, tanto para piratas, como para Morillo. Ello, parece ser, no se ha replicado en los pequeños municipios colombianos. Los pueblos y ciudades de Colombia han crecido, algunas veces con planeamiento, pero las más, de manera “silvestre”, sin consideración alguna por los riesgos a los que están enfrentados. No haber enfrentado tales riesgos, hace al estado Responsable.

Significa esto que la Policía Nacional es un riesgo para los ciudadanos. ¿Lo son sus estaciones? No. Definitivamente no. La Policía Nacional cumple una función esencial en el mantenimiento del orden y la salvaguarda de los derechos fundamentales. Si se les abandona, como lo ha hecho el resto de la administración –tanto nacional, departamental y local- a su suerte, poco o nada pueden hacer frente a los ataques de los violentos. Sea donde estén, en el centro de la ciudad o en su periferia, serán objeto de ataques por parte de los violentos. Y lo son, precisamente, porque son un símbolo del Estado y quienes impiden que los violentos impongan su ley.

Entonces, ¿deberían ser las estaciones reubicadas? No se puede decir de manera tajante. Deben estar al alcance del ciudadano, pues su principal función “es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz”, en los términos del artículo 218 de la Carta. Así, la respuesta debe darse según razones estratégicas, funcionales y de razonabilidad.
Tomado de Caja de Herramietas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

El caso Petro es una lucha por la democracia y el Estado de derecho



Carlos Rodríguez Mejía Profesor de la Universidad Santo Tomás de Bogotá*
- Consultor en Derechos Humanos 

La Corte considera que el ejercicio efectivo de los derechos políticos constituye un fin en sí mismo y, a la vez, un medio fundamental que las sociedades democráticas tienen para garantizar los demás derechos humanos previstos en la Convención.

Corte IDH, Caso Castañeda Gutman Vs. Estados Unidos Mexicanos, Sentencia de 6 de agosto de 2008 Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, párr. 142 y 143.

En la arbitraria sanción que la Procuraduría le impuso al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro Urrego, no solo se infringen las normas constitucionales colombianas y el derecho internacional de los derechos humanos vigente en Colombia, sino que se ponen en riesgo los valores democráticos y del Estado de derecho que proclama el sistema interamericano de protección de los derechos y libertades fundamentales.

En primer lugar, la Procuraduría no es un órgano judicial y sin embargo, en contra de lo previsto en la Convención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante la Convención o CADH) y en el texto constitucional colombiano, decide conculcar los derechos políticos de Gustavo Petro y sus electores; en segundo lugar, en el proceso disciplinario la Procuraduría no aplicó las reglas del debido proceso, pese a las prescripciones tanto del texto de la Constitución de 1991 como de la mencionada Convención, en tercer término, el ordenamiento jurídico interno colombiano no ofrece a las víctimas, es decir, al Alcalde y a quienes lo eligieron, cuyos derechos, reconocidos en las normas constitucionales y convencionales, se han vulnerado, un recurso sencillo, rápido y efectivo para proteger esos derechos.

Finalmente, todo el proceso y la actuación de la Procuraduría es un proceso sesgado ideológicamente que afecta los derechos políticos de las víctimas, que son derechos cuya suspensión no se admite ni siquiera en momentos de emergencia cuando exista una amenaza contra la independencia o la seguridad del Estado, provenientes de una guerra, o de un peligro público o de otra emergencia1.

La democracia y el Estado de derecho en juego

El sistema interamericano de protección, que no es neutral en cuanto al régimen político que debe imperar en los Estados del hemisferio para respetar y garantizar los derecho humanos de quienes habitamos esta parte del mundo, pues proclama que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla” y la concibe como representativa y participativa, integrada, entre otros, por los siguientes elementos esenciales: “el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”2.

Se destaca el régimen plural de partidos, lo que significa, ni más ni menos, garantías para el ejercicio de la oposición política y, sobre todo, posibilidades de que al ejercer el gobierno, los partidos y movimientos que han sido opositores y que no coinciden con las formaciones políticas mayoritarias, puedan desarrollar sus programas políticos si accede, en elección libres, justas y mediante sufragio universal, a gobiernos locales y regionales.

En este sentido, la Corte Interamericana ha proclamado:

[…] las voces de oposición resultan imprescindibles para una sociedad democrática, sin las cuales no es posible el logro de acuerdos que atiendan a las diferentes visiones que prevalecen en una sociedad. Por ello, la participación efectiva de personas, grupos y organizaciones y partidos políticos de oposición en una sociedad democrática debe ser garantizada por los Estados, mediante normativas y prácticas adecuadas que posibiliten su acceso real y efectivo a los diferentes espacios deliberativos en términos igualitarios, pero también mediante la adopción de medidas necesarias para garantizar su pleno ejercicio, atendiendo la situación de vulnerabilidad en que se encuentran los integrantes de ciertos sectores o grupos sociales3.

En este contexto, la sanción impuesta por la Procuraduría constituye una acción contra un gobierno de izquierda, que fue elegido con un programa concreto de inclusión social, de medidas para superar las desigualdades, de promover el respeto por la naturaleza y enfrentar el calentamiento global, y de organizar el desarrollo de la ciudad sin despilfarrar recursos, pero asegurando condiciones urbanas y reales para generar mejores niveles de vida a todos los habitantes, pero especialmente a los más pobres y a las víctimas de la violencia social y política.

Los cargos de la Procuraduría acusan al Alcalde de haber violado el principio de la libre competencia, por promover una empresa pública de aseo, que sin constituir un monopolio, apoyara la inclusión de la población de recicladores, que hace parte de uno de los sectores en situación de mayor vulnerabilidad, como verdaderos participes del negocio, tal como lo había ordenado la Corte Constitucional colombiana4.

Igualmente, pese a que cambió la forma de relacionarse con los grandes contratistas, quienes dejaron de ser concesionarios y pasaron a ser contratistas de la Administración de la ciudad, lo que significó, una rebaja para la ciudadanía en las tarifas de la recolección, lo acusa de afectar el principio de la libre empresa.

Otro de los cargos es que la administración de Bogotá, en cabeza del Alcalde, puso en grave riesgo la salud de los habitantes, por la acumulación de basuras, cuando los informes técnicos dicen lo contrario y esta situación se debió a que los concesionarios, en contra de la ley, no devolvieron los vehículos recolectores tal como lo ordena la ley5.

Claramente lo que la Procuraduría valoró negativamente fueron políticas públicas y no conductas impropias, mucho menos corruptas, del Alcalde y la administración. Es por ello que el Procurador ha dicho que destituyó a Petro por mal a alcalde6, como si su función fuera la de calificar la gestión de los funcionarios y no, como manda la Constitución, “ejercer el poder disciplinario” (Art. 277 de la Constitución).

Las actuaciones del Procurador son además, abiertamente contrarias al Art. 237 de la Convención Americana, que hace parte del bloque de constitucionalidad en sentido estricto8, es decir, “tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los estados de excepción, prevalecen en el orden interno (…)9(Destacado por fuera del original).

La restricción que impone el inciso 2 del Art. 23 de la Convención, en el sentido de que la regulación de los derechos políticos solo puede provenir de un juez penal en una causa de tal naturaleza, deja patente la falta de competencia del Procurador, funcionario no judicial, para destituir a un funcionario elegido por votación popular y para inhabilitarlo para ocupar cargos públicos.

El debido proceso:

El debido proceso no solo se debe aplicar en los procesos judiciales, sino también en las actuaciones administrativas10 como la que adelantó la Procuraduría y que culminó con la desproporcionada sanción al Alcalde Petro.

Muchas son las transgresiones que se cometieron en el procedimiento que realizó la Procuraduría, pero los más protuberante en este caso son la falta de independencia y de imparcialidad de los funcionarios involucrados. La llamada Sala Disciplinaria, delegada por el Procurador, abrió investigación, formuló cargos, desestimó los descargos, ordenó y practicó pruebas y otras las denegó, fallo en primera instancia y, finalmente negó las recusaciones contra ellos y resolvió en contra el recurso de reposición presentado por el Alcalde y su defensa. Es decir, funcionarios contaminados, porque eran los acusadores, resolvieron todas las instancias del proceso, lo que afecta seriamente la imparcialidad que debe presidir toda actuación administrativa, mucho más si tiene un carácter sancionatorio.

Por otro lado, los mismos empleados del Procurador, pues no están amparados por una carrera administrativa y pueden ser removidos de sus cargos por aquel sin limitación alguna, lo que hace que carezcan de la necesaria independencia para actuar y deban alinearse con las posiciones de su benefactor.

Como ha dicho el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas11:

El requisito de independencia se refiere, en particular, al procedimiento y las cualificaciones para el nombramiento de los jueces, y las garantías en relación con su seguridad en el cargo hasta la edad de jubilación obligatoria o la expiración de su mandato, en los casos en que exista, las condiciones que rigen los ascensos, traslados, la suspensión y la cesación en sus funciones y la independencia efectiva del poder judicial respecto de la injerencia política por los poderes ejecutivo y legislativo.

La falta de recursos internos adecuados para proteger los derechos conculcados:

El ordenamiento jurídico colombiano tampoco ofrece un recurso sencillo, rápido y efectivo (Art. 25 de la Convención12), que permita al ciudadano Gustavo Petro ampararse contra el acto administrativo que le impuso las sanciones de destitución e inhabilitación para ejercer cargos públicos por el plazo de 15 años.

En efecto, la jurisprudencia de la Corte Constitucional colombiana ha sido reiterada en el sentido de que la Acción de Tutela no procede, por regla general, contra las decisiones de la Procuraduría que imponen sanciones disciplinarias, pues es un recurso subsidiario y, en el caso de esos actos administrativos corresponde decidir a la jurisdicción contencioso administrativa. En una sentencia de 2010, señaló13:

La disposición constitucional14 expone textualmente lo siguiente: “Esta acción solo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial, salvo que aquélla se utilice como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable”.

(…)

Por regla general la acción de tutela resulta improcedente para controvertir los actos administrativos que contienen una sanción disciplinaria puesto que para ello están previstas las acciones ante la jurisdicción de lo contencioso administrativo.

(…)

La Corte también indicó en la sentencia T-737 de 2004, que de aceptar que las sanciones disciplinarias se consideren en sí mismas un perjuicio irremediable, “implicaría que cualquier sanción disciplinaria puede ser controvertida por medio de la acción de tutela, de forma tal que el juez de tutela terminaría despojando a la jurisdicción contencioso administrativa, de sus funciones de revisar los actos administrativos de orden disciplinario” (Destacado por fuera del original).

Entonces, según la Corte, la acción de nulidad y restablecimiento del derecho (en adelante ANRD), es el medio de defensa judicial que impide que la acción de tutela proceda, ni siquiera como “mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable”15, porque el alto tribunal constitucional encuentra que no se da en este caso de las sanciones disciplinarias.

Para tramitar la ANRD, es necesario convocar a la entidad demandada, en este caso la Procuraduría, a conciliar las pretensiones que luego se expondrían en la ANRD. Esta conciliación se promueve, por mandato legal, ante la propia Procuraduría, dentro de los cuatro meses siguientes a la ejecutoria del acto que se pide anular. Una vez presentada la solicitud, esa entidad tiene hasta tres meses para realizar la diligencia. Si la conciliación se declara fallida, por falta de acuerdo, que es lo objetivamente previsible, o no se convoca su realización dentro de los tres meses posteriores, se ha de presentar la ANRD, y en esta, en la admisión, es cuando el Consejo de Estado resolvería la procedencia de decretar la suspensión provisional.

Queda claro que para entonces, si se accediera a la suspensión provisional por parte del Consejo de Estado, que es una medida excepcional prevista solo cuando este tribunal considera que es ostensible el desconocimiento de la norma superior, solo se materializaría una vez el ciudadano Petro hubiera sido separado del cargo de Alcalde y cuando, probablemente, ya se haya elegido al nuevo Alcalde.

Dicho de otra forma, el recurso judicial ofrecido por el Estado no garantiza que haya una actuación judicial oportuna para la protección de los derechos políticos arrebatados para impedir el daño irreparable.

Las medidas cautelares de la CIDH, el remedio para evitar un daño irreparable:

El Art. 25 del Reglamento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante CIDH), regula las medidas cautelares, para casos de gravedad y urgencia que puedan afectar los derechos reconocidos en la Convención o al objeto de una petición16. Acceder a esta medida no implica prejuzgar sobre el fondo de un caso que ella esté conociendo –como ocurre con la sanción del Procurador a Petro, la cual es objeto de una petición ya realizada ante la CIDH-.

Por ello, la solicitud de esta medida lo único que pretenden es evitar el daño irreparable que se ocasionaría a Gustavo Petro al impedirle culminar el mandato para el que fue elegido por más de 750.0000 votantes y para los electores, quienes optaron por escoger a Gustavo Petro para participar indirectamente en la dirección de los asuntos públicos, quienes vería denegado este derecho.

Enfrentar la arbitrariedad:

Pero, como iniciamos este artículo, la cuestión que está en juego va más allá de los derechos del Alcalde y sus electores, es una lucha por defender el Estado de derecho, el régimen democrático y la soberanía popular. Por eso es importante que nos acompañen todas las personas demócratas, independientemente de su afiliación o credo político, pues solo se requiere optar entre la arbitrariedad y el derecho, entre el autoritarismo y la democracia.

Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014


* Las opiniones expuestas en este artículo no expresan el punto de vista de la Universidad y solo comprometen a su autor.


1 Convención Americana, Art. 27. SUSPENSIÓN DE GARANTÍAS, INTERPRETACIÓN Y APLICACIÓN. Suspensión de Garantías. 1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del Estado parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que tales disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.
2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados en los siguientes artículos: 3 (Derecho al Reconocimiento de la Personalidad Jurídica); 4 (Derecho a la Vida); 5 (Derecho a la Integridad Personal); 6 (Prohibición de la Esclavitud y Servidumbre); 9 (Principio de Legalidad y de Retroactividad); 12 (Libertad de Conciencia y de Religión); 17 (Protección a la Familia); 18 (Derecho al Nombre); 19 (Derechos del Niño); 20 (Derecho a la Nacionalidad), y 23 (Derechos Políticos), ni de las garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos(Subrayas por fuera del original).


2 CARTA DEMOCRÁTICA INTERAMERICANA, Aprobada en la primera sesión plenaria, celebrada el 11 de septiembre de 2001, Asamblea General extraordinaria, Lima, Perú.


3 Corte IDH, Caso Manuel Cepeda Vargas Vs. Colombia, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 26 de mayo de 2010, párr. 173.


4 Auto 275 del 19 de diciembre de 2011, M.P. Juan Carlos Henao Pérez: “TERCERO-. ORDENAR a la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) -o la entidad que haga sus veces-, que defina un esquema de metas a cumplir en el corto plazo con destino a la formalización y regularización de la población de recicladores, que contenga acciones concretas, cualificadas, medibles y verificables, el cual debe ser entregado a la Corte Constitucional, así como a la Procuraduría General de la Nación a más tardar el 31 de marzo del año 2012. Dicho Plan deberá definirse a partir de las órdenes previstas en los numerales 109 a 118 de esta providencia.”


5 Ley 80 de 1993, sobre contratación estatal: “ARTÍCULO 19. DE LA REVERSIÓN. En los contratos de explotación o concesión de bienes estatales se pactará que, al finalizar el término de la explotación o concesión, los elementos y bienes directamente afectados a la misma pasen a ser propiedad de la entidad contratante, sin que por ello ésta deba efectuar compensación alguna”.




7 Artículo 23. Derechos Políticos.
1. Todos los ciudadanos deben gozar de los siguientes derechos y oportunidades:
a) de participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos;
b) de votar y ser elegidos en elecciones periódicas auténticas, realizadas por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la libre expresión de la voluntad de los electores, y
c) de tener acceso, en condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país.
2. La ley puede reglamentar el ejercicio de los derechos y oportunidades a que se refiere el inciso anterior, exclusivamente por razones de edad, nacionalidad, residencia, idioma, instrucción, capacidad civil o mental, o condena, por juez competente, en proceso penal (Subrayado por fuera del original).


8 Corte Constitucional, sentencia C-191 de 1998, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz, citada en la sentencia C-401/05 M.P. Manuel José Cepeda: “ (…) la noción, que podría denominarse bloque de constitucionalidad stricto sensu, se ha considerado que se encuentra conformado por aquellos principios y normas de valor constitucional, los que se reducen al texto de la Constitución propiamente dicha y a los tratados internacionales que consagren derechos humanos cuya limitación se encuentre prohibida durante los estados de excepción (C.P., artículo 93)...” (Subrayado por fuera del original).


9 Art. 93 de la Constitución colombiana.


10 Art. 29 de la Constitución colombiana.


11 Observación General No. 32, 90° periodo de sesiones 2007, “El derecho a un juicio imparcial y a la igualdad ante los tribunales y cortes de justicia”.


12 Artículo 25. Protección Judicial.
1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
2. Los Estados Partes se comprometen:
a) a garantizar que la autoridad competente prevista por el sistema legal del Estado decidirá sobre los derechos de toda persona que interponga tal recurso;
b) a desarrollar las posibilidades de recurso judicial, y
c) a garantizar el cumplimiento, por las autoridades competentes, de toda decisión en que se haya estimado procedente el recurso.


13 Sentencia T-191/10. Además, ver sentencias T-451 de 2010‏, T-193 de 2007, T-1039 de 2006, T-634 de 2006, T-1137 de 2004, T-1093 de 2004, T-1190 de 2004, T-737 de 2004, T-143 de 2003, T-108 de 2003. T-743 de 2002, T-408 de 2002, T-432 de 2002, SU-061 de 2001, T-596 de 2001, T-469 de 2000, SU-646 de 1999, T-262 de 1998, SU-111 de 1997, T-225 de 1993 y T-007 de 1992.


14 Se refiere al Art. 86 del texto constitucional colombiano.


15Constitución colombiana, Art. 86:Esta acción sólo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial, salvo que aquella se utilice como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable.


16 Artículo 25. Medidas Cautelares. 1. Con fundamento en los artículos 106 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, 41.b de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, 18.b del Estatuto de la Comisión y XIII de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, la Comisión podrá, a iniciativa propia o a solicitud de parte, solicitar que un Estado adopte medidas cautelares. Tales medidas, ya sea que guarden o no conexidad con una petición o caso, se relacionarán con situaciones de gravedad y urgencia que presenten un riesgo de daño irreparable a las personas o al objeto de una petición o caso pendiente ante los órganos del Sistema Interamericano. 

Tomado del semanario virtual Caja de Herramientas

“Cifras y conceptos”: Santos gana, pero pierde con los “blancos”



Ricardo García Duarte
Politólogo y abogado

El presidente Juan Manuel Santos es el que mejor situado está en la carrera por la Presidencia. No gana por su arranque espectacular sino por el tortuoso despegue de sus competidores, hundidos hasta ahora en un barro arcilloso y denso, causado por la ausencia de una identidad atractiva para la opinión pública.

Se trata más bien de un fenómeno de retracción colectiva o de galope forzado. Si Santos avanza es porque sus opositores, o están frenados o retroceden, agotados en un esfuerzo ímprobo por hacer progresos dentro de una opinión que, por distintas razones, no cree mucho en el Presidente, pero al parecer menos en las figuras que se le enfrentan, carentes ellas de fuerza alternativa. Es decir, huérfanas de un aliento simbólico que las instale en el imaginario popular como las garantes de la paz efectiva y el cambio social, además de que brinden estabilidad y seguridad.

Posibilidades y limitaciones de Santos

El hecho que Juan Manuel Santos se haya re-ubicado en las condiciones más favorables con respecto a sus competidores, lo confirman los indicadores en las intenciones de voto surgidos en el último sondeo realizado por “Cifras y Conceptos”.

Si dicha encuestadora está en lo cierto, el 26% de los votantes se inclinan por el Presidente – candidato. Lo cual no es nada impresionante. Pero, le alcanza para triplicar a Óscar Iván Zuluaga (8%), el candidato de Uribe Vélez, principal retador desde la oposición de derecha. Esta última candidatura, si no experimenta una bajada inatajable al menos da muestras de un estancamiento insufrible; atrapada como se encuentra entre la falta de una personalidad propia y la desgastada repetición de un discurso negativo frente a la paz. El cual, si viniera de un candidato con reconocible identidad podría ganar incluso adeptos en la franja amplia del centro-derecha. Pero, proviniendo como proviene de un representante de otro individuo que lo acompaña al centímetro, su omnipresente y rotundo jefe, termina por exhibirse como alguien impuesto, pero además como alguien impostado.

Un Juan Manuel Santos que triplica en votación potencial al uribismo y que además alcanza de nuevo el nivel del 50% en el registro de las opiniones favorables podría navegar con seguridad, aunque lentamente, hacia el triunfo.

Dos tendencias conspiran, sin embargo, contra esa posibilidad: el voto en blanco y la no aceptación de la reelección santista.

El voto en blanco, adelante

El 30% de los electores prefieren el voto en blanco. Lo cual entraña, seguramente, una actitud de condena pasiva (pero, condena al fin y al cabo) contra las aspiraciones del Presidente; aunque, claro, también contra las del candidato uribista y contra las de la izquierda.

Al mismo tiempo, un 63% de los votantes manifiestan “no estar de acuerdo con el hecho de que el actual Presidente sea relegido”.

Es como si un glaciar se extendiera por delante. Un glaciar contra el que Santos y sus partidos tendrían que movilizar un rompehielos para que, avanzando en medio de esa congelada indisposición de la opinión, pudiesen ganar en la primera vuelta o, al menos, provocar una lenta catalización en su favor para la victoria holgada en la segunda.

Cinco millones de almas ex – santistas

Ahora bien, un 26% de votantes santistas, siendo el triple del score precario, patentado por el candidato uribista, es apenas el equivalente a la votación depositada por Antanas Mockus, el contrincante al que él aplastó electoralmente hace tres años y medio. Un porcentaje que por cierto dista considerablemente del 62% conquistado en esa ocasión por el mismo Santos. La diferencia no es poca: 36 puntos porcentuales separan desfavorablemente al candidato Santos de su propio récordanterior.

Mal contados, son cinco millones de votos ex – santistas, huérfanos hoy de un referente claro de identidad, frente al cual pudiesen orientar su adhesión. ¡Todo un potencial de fluidez electoral, susceptible de transformarse en un movimiento de transferencia en las lealtades electorales! Es decir: de protagonizar un desplazamiento en sus adhesiones hacia otra oferta electoral que case con sus imaginarios, con sus expectativas.

¿Hacia dónde podrían ir esos cinco millones de votos? Es una de las preguntas centrales para definir las tendencias ciertas, de cara a las elecciones de mayo.

Carencias en la derecha y en la izquierda

Por lo pronto, la mayoría de tales votantes –unos cuatro millones, si no más- están instalados en el voto en blanco; un voto de desasosiego, quizá; de falta de conexión con un proyecto. Para atraer a este electorado ya no en términos de rechazo generalizado, sino bajo propuestas alternativas –sean de derecha, de izquierda o de centro-, las ofertas existentes no parecieran haberse apropiado aún de los recursos simbólicos y programáticos, lo suficientemente eficaces como para articularse con los sentimientos de ese electorado.

En el campo de los conservadores y uribistas, la candidatura de Óscar Iván Zuluaga se atasca sin remedio, pese a la tozudez casi delirante de su jefe. Sólo una operación de sustitución (alentada por Pastrana y por el propio Uribe dentro de su risueño matrimonio), podría reacomodar las cargas en este sector del arco ideológico. La sustituta sería Martha Lucía Ramírez, lanzada a la candidatura oficial por un amplio segmento de cuadros medios y dirigentes de base del partido Conservador, en rebelión bulliciosa contra los jefes parlamentarios de ese partido.

Sólo que las posibilidades de esa candidatura, con la que se sellaría el acercamiento entre votantes uribistas y conservadores, podría también entrabarse como resultado de la propia división conservadora y de la imagen de maniobra uribista que dejaría flotando; una maniobra bajo cuyo conjuro se desecharía a Óscar Iván Zuluaga.

En el campo de la izquierda y de los independientes, la falta de unidad y la miopía sectaria son los factores que atentan contra sus propias posibilidades. Las de simbolizar una alternativa, capaz de hacer reaccionar tanto a los electores que se inclinan por el voto en blanco como a los indecisos. Quizá, si los Verdes se decidieran finalmente por un mecanismo de selección, del que resultase una candidatura de Peñalosa, conseguirían de ese modo que este último se alzara con una votación respetable para disputarle a Martha Lucía Ramírez la posibilidad de ir a una segunda vuelta. Si es que todas estas circunstancias no conducen a que una porción importante de este electorado, hoy alejado, vuelva a través del voto útil a donde Santos, lo que lo haría coronar una victoria en la primera vuelta.

Semanario Virtual Caja de Herramientas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

El voto democrático

Héctor Alonso Moreno Profesor asociado – Universidad del Valle


El derecho a la participación política y a ser considerados sujetos políticos fue un gran triunfo del liberalismo democrático frente al absolutismo monárquico; la burguesía fue, sin duda alguna, la clase de vanguardia de este proceso. Por su parte, las sociedades subalternas o los llamados sectores populares hemos recorrido un gran camino de lucha y sacrificio por hacer nuestro el derecho a la participación, el derecho a ser reconocidos como sujetos políticos y el derecho a tomar parte en las decisiones de la res public.

Es preciso recordar que más que el voto como instrumento de legitimación de la democracia; los sectores democráticos y progresistas lo que reivindicamos es el derecho al debate político, derecho que exigimos como la posibilidad de participar en la discusión de los grandes temas y en este caso temas como: la salida negociada al conflicto político armado y las urgentes reformas políticas y sociales que requiere la nación.

Reivindicar la participación democrática en elecciones, la lucha parlamentaria, la Tribuna Parlamentaria como un escenario más a fin de denunciar el viejo régimen inepto y corrupto de los últimos años en Colombia y también reivindicar el proyecto político de los candidatos demócratas; de izquierda que hoy día expresan en la plaza pública la lucha contra la corrupción y el clientelismo, es lo políticamente correcto.

Sin duda alguna, el voto en blanco es una forma de participación constitucional y legalmente aceptada, pero a mi manera de ver equivocada para el momento político que vive el país. El voto en blanco es, en últimas, una campaña electoral, en nuestro caso, con candidato amorfo y fantasmal que se expresa a través de escritos y voces de importantes intelectuales, académicos; que para el caso de la coyuntura electoral del país en nada contribuye para el futuro de la consolidación del proceso de paz que se discute en La Habana; que es un debate abierto de cara al país y cuyo final se concretará en el próximo Congreso en donde se definirán desde el punto de vista legislativo los acuerdos entre guerrilla y Gobierno.

El voto en blanco es políticamente incorrecto por que es contrario a la esencia de la democracia deliberativa. La democracia es la expresión de la posibilidad adversarial y controversial de discutir tesis y programas, tal como lo han venido haciendo políticamente de manera correcta los insurgentes en el escenario de La Habana y que esperamos que posteriormente lo hagan desde las plazas públicas colombianas.

La democracia requiere de miles de ciudadanas y ciudadanos proponiendo alternativas, construyendo posibilidades, imaginando y recreando novedosas formas para que los mensajes alternativos de Gobierno lleguen a las urnas el día electoral y podamos elegir mediante un voto democrático a los mejores hombres y mujeres de nuestra patria, a fin de lograr profundizar espacios para la construcción de mayor democracia. Se necesitan millones de colombianos que seducidos por el verbo rector de un programa de gobierno alternativo puedan derrotar el domingo 9 de marzo la corrupción y el atraso que representan la continuidad de los últimos gobiernos.

Ahora bien, el voto en blanco en la actual coyuntura electoral de elecciones del Congreso, en caso de ser mayoritario, no tendría consecuencias jurídicas pues el voto en blanco sólo tiene efectos prácticos de nulidad e inhabilitaría para las elecciones de candidatos a alcaldías y gobernaciones, como quiera que estos se eligen por mayoría simple. La elección de congresistas no es por mayoría simple sino por el método del umbral y la cifra repartidora en la cual el voto válido incluye, los votos en blanco que se suman para efectos de determinar las curules que le corresponden en Senado y Cámara a cada partido político.

De tal manera que, una mayoría del voto en blanco no invalida las elecciones a Congreso ni a quienes hoy día están inscritos como candidatos al Senado y a la Cámara de Representantes por la circunscripción nacional y regional. Eventualmente, los únicos perjudicados si serían los grupos o listas de comunidades negras e indígenas quienes se eligen por mayoría simple; como quiera que si por esas listas hubiese mayoría de voto en blanco allí se presentaría el mismo caso de los efectos de ese voto que invalida las elecciones de los alcaldes y gobernadores; se podría eventualmente aplicar el mismo criterio de anular esas elecciones de circunscripción especial de minorías.

El triunfo hipotético del voto en blanco en nada afecta jurídicamente las elecciones a Congreso, pero sí tendría unas consecuencias políticas para los partidos y movimientos políticos. Esas consecuencias poco importan para las redes de poder clientelar bipartidistas.

Tomado del Semanario virtual Caja de Herramientas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

La encrucijada electoral

Fredy Aguilera Garavito Asesor CEPROD – Sincelejo


El 2014 es un año electoral que permite la participación de los ciudadanos y ciudadanas, colombianos en la constitución del poder Legislativo con la elección de un nuevo Congreso de la República el 9 de marzo y el poder Ejecutivo con la elección el 25 de mayo del Presidente y el Vicepresidente de Colombia, que en caso de segunda vuelta iríamos hasta el 15 de junio. El proceso eleccionario, que es un elemento importante de la democracia, no el único, se desarrolla en una coyuntura que exige el fortalecimiento del proceso de paz, asegurar la reconciliación entre los colombianos con una política social agresiva que garantice el goce efectivo de los Derechos Humanos fundamentales a las grandes mayorías nacionales para lo cual es imperativo que el país aborde la realización de profundas reformas económicas, sociales y políticas, que re-direccionen el modelo económico y aperturen social y políticamente la institucionalidad como elementos de tránsito en el postconflicto y de construcción de una paz verdadera y sostenible.

La coyuntura eleccionaria destaca una fractura al interior del bloque hegemónico en el poder claramente diferenciado y abanderado en diferentes colectividades políticas, muy a pesar de ello, la conducción mayoritaria del Congreso de la República; por éste no está en cuestión, ni peligra en las elecciones del próximo 9 de marzo, por el contrario, se fortalece y es posible que se reduzcan las curules de los llamados sectores independientes y de izquierda radical, revolucionaria o democrática, la falta de conexión de estos sectores con la realidad, las divisiones, el sectarismo y las pugnas intestinas, los ponen en condiciones de debilidad para afrontar el reto electoral. A esto se agrega el incremento del umbral a un 3% que pone en peligro la permanencia de algunos partidos y movimientos políticos que representa posturas alternativas y de izquierda por pérdida de la personería jurídica. En consecuencia, las elecciones a Congreso del 9 de marzo no es la mejor plataforma para competir de los sectores minoritarios que pueden ver reducidas sus posibilidades para mantener siquiera el número de curules de hoy en el Congreso dela República.

Es una paradoja que sectores históricos luchadores por la paz no puedan capitalizar el actual proceso para fortalecer su participación parlamentaria y consolidarse como oposición política con vocación de poder frente a las élites dominantes. Está claro, el agrietamiento al interior del grupo hegemónico en el poder no obedece a discrepancias sustanciales en el modelo económico, el extractivismo, el medio ambiente, la corrupción o la forma de organización y operación del sistema político, alrededor de estos temas importantes hay unidad en las élites colombianas. El centro de la hecatombe que permite distinguir entre la extrema derecha que encabeza al ex presidente Uribe y el centro- derecha del presidente Juan Manuel Santos es la posición que esgrime cada uno en relación con el tratamiento que debe darse al conflicto armado interno, es esta la piedra angular de la confrontación que permea la actual coyuntura electoral, ya lo dijo Horacio Serpa Uribe al proclamar su candidatura liberal al Senado de la República “El pueblo colombiano tendrá que escoger entre la paz del presidente Santos y la guerra de Uribe”.

La lucha por la Presidencia de la República tiene el condimento especial de una división y polarización de candidatos que expresan los intereses políticos y económicos del establecimiento, lo que objetivamente se convierte en una oportunidad para los sectores alternativos y de izquierda, el problema es si estos están en condiciones de aprovechar esta debilidad en el bloque dominante para transformarse en opción real de poder a través de una candidatura presidencial unitaria con un candidato de reconocidas calidades morales y políticas capaz de promover una nueva alternativa y visión de país con un modelo económico incluyente, sin daños ambientales, una política social garantista del goce efectivo de los Derechos Humanos para los colombianos que profundice la democracia en términos de mejorar la participación de las minorías en todos los sentidos, y sobre todo algo que tiene sensibilizado al país que muestre mecanismos y acciones concretas para erradicar la corrupción que corroe a la institucionalidad pública.

Empero, el Estado del arte a este nivel no es alentador, al interior del sector independiente y de izquierda fiel al viejo formato del canibalismo político, el sectarismo y la prevalencia de los intereses personales sobre los colectivos, se libra una lucha de diversas candidaturas presidenciales que hacen dudar de la posibilidad de estar a la altura de las exigencias de la coyuntura levantando una candidatura presidencial unitaria capaz de movilizar a la opinión ciudadana que se resiste a Santos y al uribismo.

Bajo estas condiciones, es decir sin una candidatura presidencial unitaria de los sectores alternativos de izquierda; la coyuntura, la realidad política objetiva nos pone a decidir entre apoyar el proceso de paz contra el uribismo votando por un segundo período del presidente candidato Juan Manuel Santos o votar por Óscar Iván Zuluaga para el retorno del guerrerismo uribista al poder. No son otras las opciones, la crudeza de la realidad están jodida que aquí no cabe la abstención, ni el voto en blanco, así es, así sucede para medio parafrasear al fallecido canta-autor Vallenato Diomedes Díaz.Tomado de: Caja de Herramientas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

La rebelión goda

Rubén Sánchez David Profesor universitario


Contrariamente a lo anticipado por la mayoría de los analistas políticos, la Convención Nacional del Partido Conservador no culminó con el triunfo del ala santista de la colectividad, partidaria de seguir haciendo parte de la Unidad Nacional, y triunfó el sentimiento de los godos recalcitrantes que se oponen a los diálogos de paz que se llevan a cabo en La Habana y querían un candidato propio.

La proclamación de Marta Lucía Ramírez como candidata oficial del Partido Conservador a la Presidencia de la República implica un nuevo reparto de las cartas en la competencia por la primera magistratura del Estado dado que merma las posibilidades de un triunfo del candidato presidente en la primera vuelta electoral y favorece, en principio, a quienes aspiran a competir con el candidato del partido de la U.

La convención brindó un espectáculo confuso, giró en torno a personas y no abrió un espacio al debate de problemas de fondo ni a propuestas concretas. Se oyeron voces contra la reelección y contra dirigentes de otros partidos políticos; primaron las pasiones y la ruptura entre quienes representan hoy a la colectividad en el Congreso y un sector de los convencionistas se consumó cuando un sector muy importante de los representantes de la bancada parlamentaria se retiró del recinto al impedírsele al senador Roberto Gerlein que presentara su propuesta de alianza con Santos. Adicionalmente, quedó la sensación de una división interna entre sus dirigentes puesto que el triunfo de Ramírez estuvo en parte cimentado en el apoyo de cuatro senadores: José Darío Salazar, César Delgado, Hernando Pedraza y Juan Mario Laserna. Posteriormente los partidarios de permanecer en la Unidad Nacional impugnaron ante el Consejo Nacional Electoral la elección de Marta Lucía Ramírez por las supuestas irregularidades que tuvieron lugar en la convención.

De lo acaecido en la convención del Partido Conservador se desprende que el mismo, como muchos otros en el mundo, está en crisis y que la brecha entre sus dirigentes y lo que hoy llaman las “bases”, en vez de cerrarse, se ensancha. En otros términos, que hay una crisis de representación que tiende a debilitar al régimen por cuanto los intereses de la clase política –centrados alrededor de la conservación de los cargos y los privilegios – no siempre corresponden a la pluralidad de intereses y de visiones que dice representar. Crisis que se extiende al cuadro directivo. En efecto, el presidente del Directorio Nacional Conservador, Ómar Yepes, convocó para el 5 de febrero a las directivas para tomar la decisión de si seguir haciendo parte de la Unidad Nacional o dar la orden a los actuales funcionarios que están en el Gobierno de retirarse del mismo.

En segundo lugar, es claro que las estrategias electorales que se concebían hasta cuando se llevó a cabo la convención del Partido Conservador sufrirán modificaciones profundas. Para comenzar, lo difícil para el sector “oficialista” es lograr que su posición trascienda al electorado de los caciques regionales que hasta el momento son los dueños de los votos, sin caer en las garras del Centro Democrático de Uribe con cuyas posiciones se identifica. En este sentido, el reto supremo es mantener unido al partido en torno a una candidatura que busca movilizar a los desencantados del pragmatismo de la dirigencia conservadora que reclaman ser tenidos en cuenta pero que también despierta suspicacias en muchos sectores los cuales, en virtud de la cercanía de Ramírez con Uribe, han llegado a calificar a la candidata de “caballo de Troya del uribismo”. ¿Daría Marta Lucía Ramírez este paso cuando, precisamente, uno de los argumentos de muchos convencionistas fue el de la importancia de tener un candidato propio para no perder toda identidad? Pensando en alianzas para ganar elecciones y presumiendo que una alianza entre el sector “godo” y el uribismo sea posible ¿qué sería de la candidatura de Óscar Iván Zuluaga el ungido por Uribe?

En la otra orilla, en la partidaria de la reelección del Presidente, han comenzado las reuniones de los partidos de la Unidad Nacional sin la presencia de los dirigentes conservadores dejados a un lado mientras se resuelve el tema de la impugnación de la candidatura de Marta Lucía Ramírez ; los mismos han también reforzado sus tropas con la inclusión en el equipo de estrategas del candidato presidente de las principales figuras de la Fundación Buen Gobierno la cual entra en un estado de “hibernación”.

Las filas de la izquierda, que en algún momento creyeron que serían la tercera opción entre la Unidad Nacional y el uribismo, perderían protagonismo y capacidad de negociación dado que el lugar que creyeron que podrían ocupar podría estar ocupado por la candidata oficial del conservatismo.

Aunque el santismo no pierde la esperanza de ganar en la primera vuelta, dicha posibilidad es hoy muy difícil. De no lograr la victoria en la primera andanada, el escenario se reduciría a una competencia entre los partidarios de una paz santista y los reacios a aceptar la participación de los jefes guerrilleros en la política nacional, lo que obliga a la izquierda a votar por Santos para contrarrestar la amenaza de la extrema derecha.

Finalmente, dos acotaciones. Ante todo, constatar que las repercusiones de la convención conservadora contribuyen a debilitar la frágil institucionalidad colombiana al judicializar la política, en momentos en que se politiza la justicia y, por último, no perder de vista que, como lo señala Carlos Castillo Cardona en su columna de El Tiempo, “la verdadera batalla de las elecciones no es por la Presidencia. El objetivo es el control de Senado y Cámara. Uribe quiere entorpecer, limitar y bloquear al Gobierno a través del Legislativo. Le es imposible llegar a la Presidencia defendiendo la guerra por encima de la paz. Busca trabarla desde el Legislativo”.
Caja de Herramientas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

Los tropezones de la reelección

Pedro Santana Rodríguez
Presidente Corporación Viva la Ciudadanía



Un acontecimiento totalmente inesperado para la causa de la reelección del presidente Juan Manuel Santos, provino de los resultados de la Convención Conservadora que se realizó en la ciudad de Bogotá el día domingo 26 de enero. Ni los más avezados analistas se atrevieron a vaticinar el resultado inesperado de la Convención Conservadora que decidió por abrumadora mayoría de los asistentes, el lanzamiento de una candidatura propia en cabeza de Martha Lucía Ramírez, con la oposición de 18 de los 22 senadores actuales con los que cuenta el Partido Conservador en el Senado de la República. Una primera lección es el malestar y la indignación de los convencionistas con la bancada parlamentaria que a su juicio había entregado las banderas del Partido por las cuotas burocráticas y clientelistas -que la prensa colombiana dada a los eufemismos- ha dado en llamar la mermelada que no es otra cosa que las llamadas partidas regionales y cuotas burocráticas en el Gobierno Nacional. Esa indignación fue aupada desde las huestes uribistas con las informaciones provenientes supuestamente del computador de la Casa de Nariño donde se registran las dádivas y las cuotas que se reparten en la llamada Mesa de la Unidad Nacional, es decir, en la coalición de partidos que conforman el Gobierno Nacional.

No sirvieron de mucho las amenazas provenientes de los caciques electorales del Partido que al comienzo manifestaron con el retiro que no hizo más que aumentar el ánimo de los convencionistas por enviar un mensaje de no subordinación e independencia con respecto a sus dirigentes políticos regionales y locales. Al no poder desbaratar el quórum deliberativo y decisorio, que fue la segunda medida desesperada que intentaron los caciques regionales, optaron por apoyar una demanda ante el Consejo Nacional Electoral para impugnar los resultados de dicha Convención. La decisión que deberá tomar dicho organismo no está para nada clara, por lo pronto el estudio y la ponencia sobre dicha demanda quedó en manos del Consejero liberal José Joaquín Vives. Una encrucijada en el alma enfrentan todos los integrantes de dicho organismo que es elegido por los parlamentarios, 18 de sus electores respaldaron la demanda presentada por el ex viceministro de Justicia Reyes. El falló será político como todo lo del Consejo Nacional Electoral. El riesgo para el presidente del Partido, Omar Yepes Alzate, que respaldó entusiasta a los rebeldes convencionistas es alto. Por ello a puerta cerrada expidió rápido el aval a Martha Lucía Ramírez que la acredita como candidata del Partido Conservador.

Varias consecuencias se desprenden de la decisión de la Convención Conservadora, la primera, el debilitamiento de la candidatura del presidente, Juan Manuel Santos lo que se viene a sumar al rechazo de los encuestados que no están de acuerdo con la reelección presidencial. Así lo mostró la reciente encuesta de la firma Cifras y Conceptos que dirige César Caballero que en su última medición señaló que el 63% de los encuestados está en contra de la reelección de Santos y apenas muestran su intención de voto por el candidato presidente el 26% de los encuestados que ya han decido votar por él en las elecciones del 26 de mayo próximo.

Un segundo efecto será sobre la candidatura de Oscar Iván Zuluaga del Uribista Centro Democrático. En la misma encuesta la intención de voto por este candidato es apenas del 8% y ahora tendrá una competencia dura con Martha Lucía Ramírez que se juega al mismo espacio político de la derecha representada por el uribismo. Dos candidaturas disputándose el mismo espacio político lo que llevará probablemente a una reñida competencia para ver finalmente cuál de las dos candidaturas sobrevive. Ambas presentan debilidades evidentes en los aparatos políticos regionales y locales que son muy fuertes en los partidos tradicionales al momento de elegir el Congreso de la República. Zuluaga camina de la mano de Uribe sin muchas estructuras regionales lo que ha venido debilitando las proyecciones con las que arrancaron la campaña para Congreso de la República, a lo cual, hay que adicionar un elemento político muy fuerte y es que más del 75% de los encuestados dice respaldar el proceso de negociación política con las guerrillas. Uribe se ha ido moviendo lentamente a un respaldo a las negociaciones de Paz y su punto de honor hoy es la paz sin impunidad y el rechazo a que los jefes de las guerrillas eventualmente puedan llegar al parlamento.

Precisamente un tercer efecto de la Convención Conservadora son las eventuales repercusiones sobre las negociaciones de Paz en la Mesa de La Habana y también probablemente en un corto plazo sobre la apertura de las negociaciones con el ELN al parecer en Quito, Ecuador. La candidata de la Convención Conservadora ha hablado poco sobre este punto, su posición es ambigua. Ha dicho que de ser elegida daría de plazo cuatro meses para terminar la negociación. No ha avanzado mucho y no se sabe a ciencia cierta cuáles son sus aspiraciones con respecto al Uribismo.

Si privilegia un acercamiento con el expresidente Uribe corre el riesgo de aislarse aún más de la campaña de los barones electorales del Partido Conservador que han ratificado su apoyo a Santos y por esa vía al proceso de Paz. Precisamente el Partido Conservador sufre un proceso de división entre sus caciques electorales y las bases que se expresaron en la Convención. Lo paradójico es que la lista conservadora que encabeza el senador Roberto Gerlein Echavarría, ya había sido proclamada e inscrita antes de la Convención y por tanto las posibilidades de renovación solo estarían dadas en la campaña electoral presidencial pues para las elecciones al Congreso son esos barones electorales derrotados en la Convención quienes aspiran a ser reelegidos en las próximas elecciones parlamentarias.

Finalmente un elemento de contexto, recordemos que en las elecciones del año 2010 los conservadores concurrieron a la primera vuelta con candidato propio, Noemí Sanín Posada, que fue abandonada por los caciques electorales que desde la primera vuelta votaron por Santos. La historia se puede repetir ahora. Caja de herramientas Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014

Bogotá Humana capacita a Cuidadores y Cuidadoras de las personas mayores con discapacidad


Bogotá, 31 de enero de 2014.  La Secretaría Distrital de Integración Social y la Universidad Nacional de Colombia, implementarán en la ciudad, mañana sábado 1 de febrero,  el curso “Formación a cuidadoras y cuidadores informales de persona mayor con dependencia y/o discapacidad en ámbito familiar”, como parte de la estrategia de prevención de abandono en calle o en instituciones de las personas mayores.

Esta iniciativa, dirigida a las familias y cuidadores -as, busca hacerles un  reconocimiento a  su importante e invaluable labor que cumplen respecto a la vejez y al proceso de envejecimiento de las  personas mayores del Distrito Capital.

El proceso formativo, que iniciará como una prueba piloto en de Bosa, por ser la localidad donde se estima residen el mayor número de personas mayores con discapacidad, tendrá una duración de tres meses con sesiones los días sábados y orientadas por profesionales de la Universidad Nacional, con el apoyo  y supervisión de la SDIS, y estará dirigido a 41 cuidadoras y cuidadores informales que en la actualidad desarrollan este proceso con su persona mayor dentro del ámbito familiar.

El objetivo es fortalecer conocimientos y potenciar las habilidades de las/los cuidadoras-es, no sólo respecto al cuidado de la persona mayor, sino que aun más importante, respecto a su autocuidado, así como fomentar el desarrollo de actividades lúdicas y productivas que les permitan entretenerse y generar ingresos, impactando así en su calidad de vida.

Durante la sesión, se presentará una ponencia referente a “La valentía del cuidado” y un conversatorio denominado “Los cuidadores informales en un país que envejece”. El cierre estará a cargo del grupo artístico musical de personas mayores de la localidad de Ciudad Bolívar ‘La Coral’.

Fecha:             Sábado 1° de febrero de 2014
Hora:   8:00 a.m. a 12:30 p.m.
Lugar: Centro de Desarrollo Comunitario Barrio El Porvenir – Bosa (Carrera 100 No. 52 – 24 Sur)

viernes, 31 de enero de 2014

Día Sin Carro 6 de Febrero


BOGOTÁ LE APUESTA A LA MOVILIDAD SOSTENIBLE Y A LOS MODOS ALTERNATIVOS DE TRANSPORTE


Bogotá, Enero 31 de 2014. La Administración Distrital dispondrá para esta jornada del Día sin Carro, parte de la red de ciclovía, ciclorutas y bicicarriles que existen en la capital, con el propósito de fomentar los medios de transporte alternativos y así promover una movilidad sostenible.
La jornada se llevará acabo el próximo jueves 6 de febrero de 2014, como se establece en el decreto 1098 del 26 de diciembre de 2000, entre las 6:30 de la mañana y las 7:30 de la noche.
La Alcaldía Mayor de Bogotá y sus entidades, Secretaría de Movilidad, Secretaría de Ambiente, el Instituto de Desarrollo Urbano - IDU, Transmilenio, el IDRD y la Policía de Tránsito, unirán esfuerzos con el fin de garantizar que las 13 horas de jornada sean para que la ciudadanía reflexione sobre sus hábitos de movilidad.

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