A las nueve de la mañana el parque todavía parece dormido. Un vendedor de tinto acomoda su termo mientras dos niños persiguen una pelota entre los árboles. De pronto suenan los primeros acordes de salsa y una mujer de cabello cano levanta los brazos siguiendo el ritmo. Otra la imita. Luego diez más. En menos de cinco minutos el parque entero parece respirar al mismo compás. No hay espectadores. Solo vecinos que, sin proponérselo, están haciendo algo mucho más importante que ejercicio: están reconstruyendo la confianza.
El Proyecto 2795 terminará algún día porque los contratos tienen un plazo. Pero si dentro de cinco años un niño sigue jugando en un parque recuperado, una adulta mayor continúa asistiendo a clases de baile, los vecinos siguen organizándose para cuidar su entorno y la comunidad vuelve a participar para priorizar nuevas inversiones, entonces el proyecto habrá cumplido una misión mucho más importante que ejecutar un presupuesto: habrá dejado una cultura de participación.
Y esa cultura no se mide únicamente con indicadores. Se reconoce cuando una persona dice:
"Ese parque también es mío."
Ese sentimiento de pertenencia es el comienzo de la ciudadanía.
Hay proyectos que nacen en un escritorio y otros que nacen de una conversación. El Proyecto 2795 pertenece a esta última categoría. Antes de convertirse en una programación de actividades, en un cronograma o en una inversión del Fondo de Desarrollo Local de Rafael Uribe Uribe, fue una idea sembrada por los propios habitantes de la localidad durante los encuentros de participación ciudadana. Allí, donde vecinos, líderes comunitarios, jóvenes, adultos mayores y organizaciones sociales compartieron preocupaciones y sueños, comenzó a tomar forma una pregunta sencilla, pero poderosa:
*¿Cómo volver a encontrarnos como comunidad?*
La respuesta llegó a través de los Presupuestos Participativos, mecanismo que permitió transformar las propuestas ciudadanas en recursos concretos para hacerlas realidad. Así, la administración local de Rafael Uribe Uribe, liderada por la alcaldesa local Diana Carolina..., junto con el Fondo de Desarrollo Local, apostó por una iniciativa que entiende que la convivencia no se decreta; se construye. Y esa construcción empieza cuando las personas vuelven a ocupar los parques, a saludarse por su nombre, a compartir un juego, una conversación o una sonrisa.
Cada jornada del Proyecto 2795 demuestra que un parque puede ser mucho más que un espacio verde. Puede convertirse en un escenario donde el aislamiento cede terreno al encuentro, donde el ruido cotidiano es reemplazado por las risas de los niños, la conversación entre vecinos y la música que invita a moverse. Allí, la comunidad descubre que el espacio público también puede ser un lugar para sanar, aprender y fortalecer la confianza entre quienes comparten el mismo territorio.
Uno de los pilares de esta transformación es el acompañamiento psicológico. Su propósito va mucho más allá de la atención individual; consiste en tejer relaciones humanas. Mientras algunos creen que la salud mental se limita al consultorio, en estos encuentros se demuestra que también florece al aire libre, cuando una persona encuentra un espacio para ser escuchada, cuando aprende nuevas formas de afrontar los conflictos o cuando descubre que no está sola frente a las dificultades de la vida cotidiana.
Los profesionales de la psicología acompañan a la comunidad fortaleciendo habilidades como la empatía, la comunicación asertiva, el manejo de las emociones y la resolución pacífica de conflictos. Son herramientas invisibles, pero profundamente transformadoras. Cada conversación fortalece la autoestima; cada orientación ayuda a disminuir el estrés; cada actividad grupal fortalece la confianza y el sentido de pertenencia. Poco a poco, el bienestar individual comienza a convertirse en bienestar colectivo.
"En otra esquina, el sonido metálico de una argolla al caer sobre la rana provoca una ovación desproporcionada para un juego tan sencillo. Pero la celebración no es por el puntaje. Es porque durante unos minutos desaparecieron las diferencias de edad, de oficio y de historia. Allí solo quedan personas compartiendo el mismo espacio, la misma risa y el mismo barrio."
Pero la salud mental también se fortalece cuando el cuerpo entra en movimiento.
En una de las canchas del parque, el balón empieza a rodar. No se trata únicamente de un partido de microfútbol. Detrás de cada pase existe un ejercicio de cooperación; detrás de cada gol, una oportunidad para celebrar en equipo; detrás de cada derrota, un aprendizaje sobre la tolerancia y el respeto por el otro. El deporte enseña sin necesidad de discursos. Forma ciudadanos capaces de escuchar, negociar, respetar las reglas y comprender que el éxito colectivo suele ser más importante que el logro individual.La ciencia ha demostrado que la actividad física reduce los niveles de estrés y ansiedad, mejora el estado de ánimo y fortalece la autoestima mediante la liberación de endorfinas. Sin embargo, en el Proyecto 2795 esos beneficios adquieren un significado adicional: cada partido representa una oportunidad para que vecinos que antes eran desconocidos terminen formando un equipo.

Calcular la distancia, controlar la fuerza, coordinar la vista con las manos y mantener la concentración son procesos cognitivos que estimulan la atención, la memoria de trabajo y la coordinación motora fina. Al mismo tiempo, estos juegos fortalecen la paciencia, la perseverancia y la tolerancia a la frustración, porque no siempre se acierta en el primer intento. En ese pequeño desafío cotidiano se aprende que equivocarse también hace parte del aprendizaje.
Existe además un componente profundamente humano: mientras esperan su turno, los participantes conversan, recuerdan historias del barrio, comparten experiencias y construyen nuevas amistades. Los adultos mayores transmiten tradiciones a los más jóvenes; los jóvenes descubren juegos que parecían olvidados. Sin darse cuenta, la comunidad recupera algo que las grandes ciudades suelen perder: el tiempo para conversar.
Y entonces la música comienza a sonar.
Las primeras notas de una sesión de Zumba transforman por completo el ambiente del parque. Lo que hace unos minutos era un espacio de circulación se convierte en una pista de baile donde desaparecen las diferencias de edad, ocupación o condición física. Nadie pregunta quién baila mejor. Lo importante es participar.
La Zumba representa una de las expresiones más completas del bienestar comunitario porque reúne ejercicio, recreación, cultura y salud emocional en una sola experiencia. Cada movimiento fortalece el corazón, mejora la capacidad respiratoria, incrementa la coordinación, el equilibrio y la flexibilidad. Pero sus beneficios más profundos ocurren en el plano emocional.
El ritmo de la música ayuda a liberar tensiones, disminuye el estrés acumulado y favorece la producción de endorfinas, generando sensaciones de alegría y bienestar. Quienes participan no solo ejercitan el cuerpo; recuperan la confianza, mejoran la percepción de sí mismos y descubren que cuidar la salud también puede ser motivo de celebración.
Sin embargo, el mayor logro de la Zumba no puede medirse en calorías quemadas ni en frecuencia cardíaca. Se mide en abrazos al finalizar la jornada, en las carcajadas compartidas, en las personas que regresan semana tras semana porque encontraron un lugar donde son reconocidas y valoradas. Se mide en la apropiación del espacio público y en la certeza de que la recreación también construye ciudadanía.
Al finalizar cada encuentro, los parques vuelven a quedar en silencio. Pero ese silencio ya no es el mismo. En cada actividad queda sembrada una red de relaciones más fuerte, una conversación pendiente, una amistad naciente y una comunidad que empieza a reconocerse nuevamente.
Hay otra virtud del proyecto que merece destacarse:
Es un ejemplo de democracia funcionando. No es frecuente poder contar una historia donde una idea nace en un encuentro ciudadano , se convierte en una decisión de presupuesto participativo y finalmente se materializa en personas haciendo deporte, recuperando juegos tradicionales y fortaleciendo su salud mental.

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