sábado, 8 de agosto de 2020

A propósito del 7 de agosto. Pascasio Martínez y los valores del país que siempre hemos querido tener versus el país que siempre hemos tenido.

 Por: Fitzgerald Moore 

- Historiador. Universidad Nacional de Colombia

¿Quién fue Pedro Pascasio Martínez Rojas? ¿Qué tiene que ver con el 7 de agosto? ¿Qué valores representa para que sea tan importante para la nación?

Pedro Pascasio Martínez Rojas, nació en el Valle de Belén y Cerinza (Boyacá) el 20 de octubre de 1807. Cuando el “Ejercito de Bolívar” paso por su terruño, decidió por insinuación de su madre, unirse a las filas del Ejército Libertador, lleno del entusiasmo libertario de fraternidad e igualdad que envolvía aquella travesía épica hacia la liberación de un país y un continente del yugo colonial de la metrópoli española (para justificar aquella decisión, teniendo apenas 11 años, la leyenda le atribuye las palabras “la causa de la patria por encima de todo

Reclutado como soldado niño, fue destinado a cuidar los caballos de los militares de alto rango del Ejercito patriota. Participó en las batallas del Pantano de Vargas y Puente de Boyacá, como integrante del Batallón Rifles al mando del Teniente Coronel Arturo Sanders, que hacia parte de la retaguardia del Ejército Libertador. 

Pascasio Martínez, el niño soldado, luego de la Batalla del siete de agosto de 1819, fue destinado a patrullar junto con los demás soldados, los territorios adyacentes en búsqueda de los soldados realistas (criollos y españoles que apoyaban la dependencia de la Nueva Granada –así nos llamábamos—como colonia de la corona real de España)  Terminando el día, acompañado del también niño soldado que lamentablemente la historia sólo reconoce como “Negro José” quien portaba un “arma de fuego”, se encuentran cerca al rio Teatinos, en unas rocas (que hoy se denominan “Piedras de Barreiro”) con el general comandante del Ejército español, José María Barreiro, quien huía junto a otro oficial, ante el fracaso de sus tropas, tomadas por sorpresa por el Ejercito libertador en los campos circundantes al estrecho Puente de Boyacá, obligándolos a huir en masa.

 El niño soldado “Negro José” le dispara al oficial escolta de Barreiro, oculto en aquellas rocas cerca al río Teatinos y ponen preso al oficial español intimidado por Pedro Pascasio Martínez que apuntó su lanza hacia el cuerpo de Barreiro, quien seguramente por el cansancio de la huida, se vio perdido y le ofreció al niño soldado una faja con monedas de oro que llevaba al cinto, a cambio de su libertad. Los dos niños soldados rechazan la oferta y Pascasio le grita: “Siga adelante, sino lo arriamos” y le enristró de nuevo la lanza rechazando el soborno del militar de más alto rango del Ejército español en la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819.

Barreiro es tomado prisionero tal como se cita en el boletín número 4, del Estado Mayor del Ejército Libertador redactado por el General Carlos Soublette: “Todo el Ejército enemigo quedo en nuestro poder; fue prisionero el General Barreiro, Comandante General del Ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla, el soldado del Batallón Primero de Rifles, Pedro Martínez”

Fiel a los valores inculcados desde su formación familiar, el niño soldado Martínez, traslada al capturado, General Barreiro, a “Casa de Teja” donde se encontraba el General Simón Bolívar, quien celebra la importancia de esa acción, ascendiendo al niño al grado de sargento y ordena se le entregue la suma de cien pesos. Pero como lo relata la historia, tal bonificación y rango militar, nunca se hicieron efectivos, se quedaron en las marañas burocráticas de la clase gobernante (que nunca arriesga su pellejo en las guerras) dejando sin valor las palabras del Libertador, luego que el Ejército Emancipador, partiera victorioso hacia Santa Fe de Bogotá.

 El niño soldado Pedro Pascasio Martínez Rojas, se quedó en su natal Belén, dedicándose al oficio de leñador y carguero, durante toda su vida, apartado de cualquier relación con el Estado, que sólo 60 años después aprobó (mediante la ley 93 del 18 de agosto de 1880) una pensión vitalicia de 25 pesos que solo cobró una vez, por la dificultad de trasladarse a Bogotá (donde debía cobrarla personalmente)  muriendo el 24 de marzo de 1885, olvidado y pobre en la casa de una hija, en su natal Belén (Boyacá) a los 77 años de edad.

Pero ¿qué tiene que ver este capítulo de nuestra historia con la actualidad del país?

La historia (interpretación del pasado, con ojos del presente para proyectar el futuro) no tiene sentido (sin el análisis del historiador en el contexto desde donde hace su interpretación profesional) sino se proyecta su significado e influencia hacia el futuro de la sociedad y civilización donde se desarrollan esos hechos históricos.

En la efeméride de la Batalla del 7 de agosto de 1819, se suele destacar la epopeya alrededor de los comandantes del Ejército vencedor en el hecho histórico y su significado para la independencia de Colombia y Latinoamérica; sin embargo, fueron muchos los colombianos, colombianas y extranjeros que participaron en esa gesta libertaria, que aún no se recuerdan debidamente.

La historia del niño soldado Pedro Pascasio Martínez se relaciona con la situación actual de nuestra nación (proyecto COLECTIVO donde una población en un territorio establece su ideario de convivencia y proyección como sociedad) al comparar los valores que motivaron la acción que la historia destaca del niño soldado Martínez --que NO vendió su conciencia al servicio de la patria (como proyecto común de todos y para beneficio de todos y todas y no de unos pocos)-- con los valores actuales de los colombianos ¿será que un joven de 11 años criado con los valores actuales de “astucia”, “abeja”, “avión”, “papaya puesta…”, “cuartico de hora”, “el vivo vive del bobo”, etc. que predominan en nuestra actual sociedad colombiana, haría lo mismo? ¿rechazaría esa “bolsada” de dinero? ¿pondría en peligro su vida para cumplir los compromisos asumidos por el bien de todos? ¿cumpliría su promesa de poner la patria (que es de todos y todas) primero que su bienestar particular?

En la historia de Pascasio Martínez se evidencia la dualidad moral del país expresada en sus clases sociales desde el principio. En Pascasio Martínez perviven los valores de una clase popular “humilde pero honrada” que antepone el bienestar general por encima de su propia comodidad, mientras por el otro lado, se eterniza en el poder, la clase gobernante acostumbrada cada vez más a anteponer sus propios intereses por encima del bienestar y progreso de los demás miembros de la nación, ideando miles de argucias para incumplir sus promesas al pueblo.

A Pascasio Martínez le prometieron una pensión y una indemnización de $100 pesos de esa época que al día de hoy el Gobierno Nacional NO ha cumplido. El pueblo arriesgo su vida y mantuvo sus ideales morales en alto, para hacer posible ese proyecto de nación libre, solidaria e igualitaria prometido; sin embargo, desde el principio, esa clase “privilegiada” autoproclamada “superior” incumplió sus promesas, no sólo no le pago los $100 pesos de 1819, sino que 61 años después (en 1880) le concede una pensión de $25 pesos que debía cobrar en Bogotá (riéndose del pobre Pascasio que con 72 años, sólo una vez pudo cobrar, ante la dificultad de semejante viaje en aquella época y a su edad)

Al día de hoy quienes nos han gobernado, siguen prometiendo al pueblo lo que nunca cumplen descaradamente (basta recordar el “menos impuestos, más salario”, “no fracking”, “no minería en el páramo de San Turban” del actual gobierno nacional de Duque, su mentor Uribe y su partido de gobierno que es mayoría en el Congreso)  

 El 7 de agosto de 2020, es una efeméride que en plena pandemia de la Covid 19, tiene unas connotaciones especiales que nos llaman a una reflexión sobre el país colectivo que hemos vivido y el nuevo país que debemos emprender, ubicados en el contexto mundial, entendiendo nuestras características endémicas y obligados por las circunstancias generadas por la reactivación social, económica, cultural, política, ambiental y humana que exige la pos pandemia para hacer viable, posible y exitoso el proyecto de nación que dio inicio con el “grito de independencia” de 1810 (que inicialmente se mantuvo leal a la figura del gobierno del rey de España) la batalla del pantano de Vargas (25 de julio de 1819) Puente de Boyacá (7 de agosto de 1819) y la batalla naval del Lago de Maracaibo (24 de julio de 1823)

En Pascasio Martínez se reflejan los valores (idealistas y románticos) que la nación siempre ha querido tener (honradez, lealtad y compromiso con la nación como proyecto colectivo y la patria que es de todos y todas y el bienestar general por encima del particular) reflejado en todos sus estamentos, desde su pueblo, su gobierno, sus instituciones y sus Fuerzas Armadas.

Lamentablemente, la clase gobernante del país, ha sido la antítesis de ese ideario, convirtiéndose en el reflejo de los valores que hemos tenido, pero que nunca hemos querido tener: la corrupción, el desprecio por el pueblo, robarse el erario para enriquecerse en Colombia y luego ser aceptado con su riqueza en otra nación “desarrollada”, llenar de burocracia e ineficiencia las instituciones, permitir el saqueo multinacional, vender las empresas del Estado, creerse “de bien” robando tierras y estar esputando a todo el mundo, el famoso “no sabe quién soy yo”, mientras son “amiguis” y socios de narcos, criminales, corruptos y narcoparacos.

Desafortunadamente esa es nuestra Colombia. Por eso en una efeméride donde se destacan esos valores patrios que siempre hemos querido tener, cabe destacar que afortunadamente no son todos los funcionarios, ni todos los dirigentes en las diferentes regiones del país, los que avergüenzan a la nación. Sin embargo, en estos tiempos donde la clase gobernante se ha unido a la criminalidad para encumbrar en el poder a genocidas, narcotraficantes, narcoparacos y delincuentes de toda monta, ese ideario de nación confrontado con la realidad que nos acongoja, evidencia la paradoja del uribismo que nos gobierna, quienes siendo gobierno nacional, tener control del erario y los entes de control y, ser mayoría en el Congreso de la República, NO aprueban leyes eficaces que condenen el delito y disuadan al infractor a no cometer el crimen (en lugar de las leyes que benefician a los ladrones de tierras, corruptos y criminales, que tienen el poder económico para “comprar la Justicia”)

¿Por qué teniendo el control del Gobierno y autoproclamarse gente “de bien”, el uribismo y quienes los apoyan, no aprueban leyes que disuadan al infractor a no Lamentablemente, la clase gobernante del país, ha sido la antítesis de ese ideario, convirtiéndose en el reflejo de los valores que hemos tenido, pero que nunca hemos querido tener: la corrupción, el desprecio por el pueblo, robarse el erario para enriquecerse en Colombia y luego ser aceptado con su riqueza en otra nación “desarrollada”, llenar de burocracia e ineficiencia las instituciones, permitir el saqueo multinacional, vender las empresas del Estado, creerse “de bien” robando tierras y estar esputando a todo el mundo, el famoso “no sabe quién soy yo”, mientras son “amiguis” y socios de narcos, criminales, corruptos y narcoparacos.

Desafortunadamente esa es nuestra Colombia. Por eso en una efeméride donde se destacan esos valores patrios que siempre hemos querido tener, cabe destacar que afortunadamente no son todos los funcionarios, ni todos los dirigentes en las diferentes regiones del país, los que avergüenzan a la nación. Sin embargo, en estos tiempos donde la clase gobernante se ha unido a la criminalidad para encumbrar en el poder a genocidas, narcotraficantes, narcoparacos y delincuentes de toda monta, ese ideario de nación confrontado con la realidad que nos acongoja, evidencia la paradoja del uribismo que nos gobierna, quienes siendo gobierno nacional, tener control del erario y los entes de control y, ser mayoría en el Congreso de la República, NO aprueban leyes eficaces que condenen el delito y disuadan al infractor a no cometer el crimen (en lugar de las leyes que benefician a los ladrones de tierras, corruptos y criminales, que tienen el poder económico para “comprar la Justicia”)

¿Por qué teniendo el control del Gobierno y autoproclamarse gente “de bien”, el uribismo y quienes los apoyan, no aprueban leyes que disuadan al infractor a no cometer el delito, no construyen cárceles dignas que no promuevan el delito (uniformando a los condenados y evitando el hacinamiento como hizo Petro en Bogotá con la Cárcel distrital) y dan ejemplo de esa supuesta “decencia” que dicen tener, poniendo en práctica la premisa de no aceptar, ni tener tantos “amigos”, funcionarios y aliados, condenados, investigados y presos por corrupción, parapolítica, narcoparamilitarismo, concierto para delinquir, crímenes de lesa humanidad, “falsos positivos”, masacres, asesinatos y desaparición forzada?

¿Por qué quienes han dirigido el país han omitido la importancia del “Negro José” en este hecho histórico, cuya trascendencia es inminente, pues fueron ambos quienes rechazaron la “bolsada de dinero” que les ofreció Barreiro por su libertad?

Hoy cuando el uribismo infestado de corrupción, promueve “cambiar la Constitución Nacional o el Sistema de Justicia” para “liberar” a su patrón de la cárcel, evidenciando cómo la corrupción ha hecho metástasis en casi todos los entes del Estado (y en casi todos los partidos) regando los valores del narcoparamilitarismo y la “astucia” en el actuar ciudadano, en casi todas las esferas de la sociedad y la empresa privada; resulta esperanzador recordar a Pascasio Martínez y su honestidad como casi toda la gente sencilla pero auténtica de Colombia, que se destaca por ser honrada, trabajadora, humilde, leal, coherente y comprometida con el proyecto de nación para bienestar de todos y todas (y no de unos pocos criminales aprovechados de su posición dirigiendo el Gobierno para beneficio de sus “negocitos”, familiares y cómplices)

¿Por qué no traer a la memoria al insobornable Pedro Pascasio como ejemplo a seguir en la pos pandemia que nos acomete como nación multicultural, pluriétnica, diversa y progresista, con bienestar para todos y todas?

Desafortunadamente su gesto de honestidad, no es frecuente en esta sociedad contaminada de codicia, hipocresía y corrupción, donde la conciencia es un artículo de lujo, que se vende al mejor postor, pisoteando los valores que siempre hemos querido tener pero que pocos hemos practicado en nuestro ejercicio como ciudadanos de Colombia. Por doquier aparecen “ollas podridas” (además de las ollas del microtráfico) involucrando a los ciudadanos y ciudadanas a quienes se les ha confiado la rex pública, (expresión latina que identifica “la cosa pública” 

esferas de la sociedad y la empresa privada; resulta esperanzador recordar a Pascasio Martínez y su honestidad como casi toda la gente sencilla pero auténtica de Colombia, que se destaca por ser honrada, trabajadora, humilde, leal, coherente y comprometida con el proyecto de nación para bienestar de todos y todas (y no de unos pocos criminales aprovechados de su posición dirigiendo el Gobierno para beneficio de sus “negocitos”, familiares y cómplices)

¿Por qué no traer a la memoria al insobornable Pedro Pascasio como ejemplo a seguir en la pos pandemia que nos acomete como nación multicultural, pluriétnica, diversa y progresista, con bienestar para todos y todas?

Desafortunadamente su gesto de honestidad, no es frecuente en esta sociedad contaminada de codicia, hipocresía y corrupción, donde la conciencia es un artículo de lujo, que se vende al mejor postor, pisoteando los valores que siempre hemos querido tener pero que pocos hemos practicado en nuestro ejercicio como ciudadanos de Colombia. Por doquier aparecen “ollas podridas” (además de las ollas del microtráfico) involucrando a los ciudadanos y ciudadanas a quienes se les ha confiado la rex pública, (expresión latina que identifica “la cosa pública”

esferas de la sociedad y la empresa privada; resulta esperanzador recordar a Pascasio Martínez y su honestidad como casi toda la gente sencilla pero auténtica de Colombia, que se destaca por ser honrada, trabajadora, humilde, leal, coherente y comprometida con el proyecto de nación para bienestar de todos y todas (y no de unos pocos criminales aprovechados de su posición dirigiendo el Gobierno para beneficio de sus “negocitos”, familiares y cómplices)

¿Por qué no traer a la memoria al insobornable Pedro Pascasio como ejemplo a seguir en la pos pandemia que nos acomete como nación multicultural, pluriétnica, diversa y progresista, con bienestar para todos y todas?

Desafortunadamente su gesto de honestidad, no es frecuente en esta sociedad contaminada de codicia, hipocresía y corrupción, donde la conciencia es un artículo de lujo, que se vende al mejor postor, pisoteando los valores que siempre hemos querido tener pero que pocos hemos practicado en nuestro ejercicio como ciudadanos de Colombia. Por doquier aparecen “ollas podridas” (además de las ollas del microtráfico) involucrando a los ciudadanos y ciudadanas a quienes se les ha confiado la rex pública, (expresión latina que identifica “la cosa pública”  refiriéndose a los bienes de dominio público, el gobierno y el propio Estado[1]) de la forma más descarada y sin ninguna vergüenza.

Pedro Pascasio es un modelo de honestidad, digno de admiración, para quienes saben más de fútbol que de los hechos que hicieron posible la nación a la que ahora pertenecemos; dejándose marcar por la trampa y la fechoría de la criminalidad que gobierna a Colombia, en lugar de los verdaderos valores patrios.

Pasará la pandemia de la Covid 19 y la historia dirá que ejemplo seguimos y si por fin, pudimos hacer realidad en quienes nos gobiernan, esos valores que siempre hemos querido tener como nación o si seguimos padeciendo, en nuestros gobernantes, esos valores que siempre hemos tenido y padecido.

Bogotá DC, 8 de agosto de 2020


refiriéndose a los bienes de dominio público, el gobierno y el propio Estado de la forma más descarada y sin ninguna vergüenza.

Pedro Pascasio es un modelo de honestidad, digno de admiración, para quienes saben más de fútbol que de los hechos que hicieron posible la nación a la que ahora pertenecemos; dejándose marcar por la trampa y la fechoría de la criminalidad que gobierna a Colombia, en lugar de los verdaderos valores patrios.

Pasará la pandemia de la Covid 19 y la historia dirá que ejemplo seguimos y si por fin, pudimos hacer realidad en quienes nos gobiernan, esos valores que siempre hemos querido tener como nación o si seguimos padeciendo, en nuestros gobernantes, esos valores que siempre hemos tenido y padecido.

Bogotá DC, 8 de agosto de 2020

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